Chivos expiatorios

6 marzo 2026

“…pero el chivo sobre el que recaiga la suerte de Azazel, lo presentará vivo ante el Señor para obtener el perdón de los pecados, y después lo echará al desierto, donde está Azazel”. (Levítico, 16, 9-10)

La expresión “Chivo expiatorio” proviene de esta cita del Levítico que aparece en el encabezado. Era un rito de purificación con la finalidad de descargar las culpas del pueblo en un macho cabrío, que se soltaba en el desierto.

Esta expresión denomina un fenómeno de psicología de grupos, según el cual, un grupo social transfiere su frustración y agresividad a otro grupo, generalmente más débil, y al que se le atribuye la causa de los propios males.

Este recurso se basa ciertamente en una distorsión voluntaria de la realidad y en la manipulación de las emociones más movilizadoras: el miedo y la ira. Se fomenta el miedo ante un grupo percibido como amenaza, y consecuentemente, se excita la agresividad y la violencia, para contrarrestarla.

A lo largo de la historia, este mecanismo social ha sido utilizado casi siempre desde el poder, para distraer la atención del pueblo sobre las verdaderas causas de los problemas, aunque también ha funcionado espontáneamente. Durante la edad Media fueron los judíos quienes sufrieron las iras del populacho, en momentos de epidemias y desastres naturales. También el nazismo situó en el blando de sus críticas a los judíos, acusados de la decadencia de Alemania.

Las razones que se aducen suelen ser de gran simplicidad, y fáciles de rebatir. El fenómeno del chivo expiatorio es muy simple y burdo, y cualquiera con un poco de lecturas y sentido común es capaz de desenmascararlo, pero es sorprendente constatar que sigue funcionando hoy día, con los mismos ingredientes y los mismos resultados.

Veamos algunos ejemplos:

Algunos sectores del independentismo catalán, en su momento de esplendor difundieron unos mensajes en redes sociales en el que se decía con venenoso sarcasmo: “Adopta un niño extremeño”. La propaganda venía a decir que Cataluña está pagando el estado de bienestar a los pueblos del sur de España, que se presentan como vagos, caóticos e incapaces de producir. Por eso los nacionalistas quieren romper esa unidad que solo les causa problemas. El mensaje de fondo es: “catalanes, estáis adoptando sin saberlo ni quererlo a gente que no lo merece”.

“Alternative für Deutschland”, el nuevo partido neonazi, recurre al viejo truco, repitiendo los argumentos de los nacionalistas catalanes. Pero ¡ojo! En este caso, los vagos, improductivos y parásitos son…. ¡Los españoles! Para ellos, la causa de la recesión de Alemania son los países del sur; pandilla de vagos, amantes de la siesta, los toros y el flamenco: los tópicos en todo su esplendor. Si nos fijamos, la lógica es la misma: elegir un enemigo más débil para atribuirle la causa de los problemas.

Eso requiere menos recursos cognitivos que acusar a quienes dinamitaron el Nord Stream, y les hicieron pagar la energía mucho más cara, y a los sucesivos gobiernos alemanes, que han preferido seguir servilmente las indicaciones de Washington sin rechistar. Pero la culpa de todo son los toreros flamencos del sur, que tocan las castañuelas: Una versión heavy metal del Carmen de Bizet.

Sigamos. Tercer ejemplo: Vox propone como medida para “salvar a España”, la expulsión de ocho millones de emigrantes. Parece que ellos son la causa de todos los males. Especialmente si son musulmanes. Es su medida estrella frente al abanico de problemas de nuestra sociedad: El precio de la vivienda; la subida de los precios de alimentación; el deterioro de las instituciones; la corrupción; la evasión fiscal, las desigualdades fiscales… la solución mágica es expulsar a ocho millones de personas.

Quizá sea porque son ellos los que irán a recoger la oliva, o la cosecha de frutas, o la vendimia, en lugar de quienes están salvando la agricultura y los servicios hoy en día.

Y pasemos por alto lo que ocurre en Estados Unidos, donde el Estado va a invertir miles de millones de dólares en reforzar la policía de fronteras, al tiempo que elimina la inversión en proyectos sociales, y disminuye drásticamente la inversión en investigación contra el cáncer, entre otras lindezas.

Es chocante la similitud de la argumentación de estos grupos de extrema derecha, los cuales comparten un rancio nacionalismo racista, basado en el romanticismo de banderas, pureza racial y grandezas imperiales, pero que nada tiene que ver con la solidaridad efectiva de promover un escudo social fundado en las políticas distributivas que fundamentaron el estado del bienestar en Europa después de la segunda Guerra mundial.

Aplaudirán a manos llenas el nuevo régimen de guerra en el que se ha embarcado la Unión Europea, y que va a hipotecar la vida de millones de personas, para beneficio de la oligarquía yanqui. Hasta aquí llega su patriotismo.

Y fomentarán el miedo al musulmán, porque, según ellos, es el terrorista, olvidando lo que los países occidentales han perpetrado en oriente medio desde principios del siglo XX. Fomentarán el miedo a Rusia, que no ha sido capaz en tres años de conquistar un solo país. Y olvidan las maniobras de Estados Unidos para bloquear las conversaciones de paz de Ankara, en marzo de 2022, porque de ella han sacado provecho a varias bandas.

Son fuertes con los débiles y débiles con los fuertes; perros pastores que trabajan para los amos del mundo, y venden humo a los incautos que se lo quieran comprar. Basta leer un poco de historia para saber a dónde nos van a llevar.

Quienes están detrás de esta burda propaganda, a veces en nombre de la civilización cristiana, proponen una violencia contra los débiles totalmente en conflicto con el núcleo del evangelio.

Siempre me había resultado difícil de imaginar las causas por las que un impresentable como Hitler llegó al poder. Tristemente, tengo que admitir que ahora lo veo más claro que nunca.

Y también sé de qué lado hemos de situarnos los cristianos, si queremos ser fieles al Evangelio de Jesús. Porque, frente a esta ley del más fuerte, hemos de proponer siempre la ley del más débil. Es la que siguió Jesús.

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