Cinco años

26 abril 2018

Seguro que lo recuerdan aunque han pasado cinco años.

La noticia se había hecho esperar. Decía que el Cónclave iba a ser rápido pero la cristiandad y el mundo entero andaban pendientes de la imagen de una vieja chimenea que lanzaba humo al aire frío de Roma. Por fin, el humo –la “fumata”- fue blanca y millones de personas se congregaron ante sus televisores observando atónitos a una multitud que esperaba en la plaza de San Pedro.

Y salió el hombre. Apareció únicamente con la sotana blanca de papa, prescindiendo de otras vestiduras litúrgicas ampulosas que habían llevado sus predecesores. Saludó con un “Buenas tardes” coloquial y familiar y continuó hablando con una sencillez que dejó al mundo boquiabierto, tuvo el recuerdo en la oración por su hermano en el papado, Benedicto, y antes de dar la bendición a los fieles pidió que ellos le bendijeran rezando por él. Aquellos cientos de miles de personas hicieron silencio y rezaron por el nuevo papa.

Al día siguiente fue en el mismo autobús con el resto de los cardenales para acudir en persona a pagar la pensión en la que se había hospedado antes del cónclave, luego acogió a los periodistas y a sus familiares con una gran sonrisa manifestándoles que desea una Iglesia pobre, después comunicó a la Conferencia Episcopal argentina que era preferible que el dinero del viaje para asistir a la misa del inicio de su pontificado se lo dieran a instituciones que trabajan con los pobres, invitó a esa misa al Patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, cosa que no ocurría desde 1054… a partir de ahí se han multiplicado los signos.

Hemos visto al papa abrazar enfermos dermatológicos, lo hemos visto llorar entre los refugiados, abrazar a hermanos de otras confesiones religiosas, celebrar la eucaristía en ambientes no especialmente religioso, besar los pies a jóvenes desestructurados, hablar desde el amor de las personas homosexuales, visitar cárceles, dejar que los niños jugueteen sentándose en la sede papal, denunciar valientemente pederastias y oligarquías eclesiales, callar en los campos de concentración, reír con los jóvenes, hacer nombramientos valientes y novedosos, escribir que el evangelio es la gran alegría del mundo, manifestar su respeto reverencial por la Naturaleza, denunciar el culto al dinero y expresar el amor a los pobres y saltarse los protocolos cuando ha hecho falta para acudir a sus queridas periferias.

Vemos a Francisco tan humano, tan normal, que su vida nos abre al Misterio de un Dios que se ha hecho hombre… hombre.

Gracias al hombre Francisco, gracias a este hombre papa, que, cinco años después, ha conquistado el corazón del Mundo y ha llenado de ilusión a una Iglesia algo cerrada que necesitaba aire fresco.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te puede interesar…

¿Una Iglesia que se muere?

¿Una Iglesia que se muere?

Artículo original publicado en Vida Nueva el 16/07/2022 El pasado 29 de junio, solemnidad de san Pedro y san Pablo,...

Jóvenes estivales

Jóvenes estivales

Abundan las imágenes de jóvenes en verano. Las televisiones y las redes se...

La vida como vocación

La vida como vocación

Son de esos acontecimientos que nos llenan de alegría. El final del curso viene marcado, en las inspectorías...