Tras un proceso previo de discernimiento, reflexión personal y entrevistas, los participantes comenzaron este itinerario con ilusión y compromiso, acompañados por el equipo de formación compuesto por Álvaro Sierra, Profesor de la casa de Aranjuez; Gema Candenas, salesiana cooperadora de la casa de Aranjuez; Mateo del Blanco, salesiano de la Procura; Leyre Sainz técnica de voluntariado y José Alberto Medina, responsable de Voluntariado de Misiones Salesianas.
Durante todo el fin de semana, la Procura de Misiones Salesianas se convirtió en la CASA de todo el grupo con un espacio de encuentro, fraternidad y reflexión, donde los 8 participantes procedentes de Madrid, Valladolid, León, Navarra y Valencia pudieron conocerse, compartir motivaciones y ahondar en el sentido del voluntariado como una opción de vida vivida desde la gratuidad y el servicio.
A lo largo de las distintas sesiones, se abordaron temas clave como la figura de Don Bosco, el carisma y la misión salesiana, el funcionamiento de Misiones Salesianas y la importancia de integrar el voluntariado dentro de un proyecto personal y vocacional de vida. Todo ello en un clima de diálogo, escucha y construcción comunitaria.
Uno de los momentos más significativos del encuentro han sido cuando se han compartido distintas miradas fue la visita al Museo de Misiones Salesianas, que permitió a los participantes acercarse a la historia misionera salesiana, hacer memoria agradecida y tomar conciencia de que hoy siguen siendo necesarias personas dispuestos a salir al encuentro de los más vulnerables.
El encuentro concluyó el domingo con un espacio de síntesis y compromiso, en el que se animó a seguir caminando con profundidad y coherencia en este proceso formativo. Como signo de las reflexiones compartidas, se entregó a los participantes un posavasos como “símbolo trabajo humilde y silencioso que en ocasiones pasa desapercibido para el cuidado y encuentro de las personas”.
El voluntariado misionero salesiano no se reduce a una experiencia puntual, sino que se convierte en una manera de situarse en el mundo. Un camino que transforma, que ensancha el corazón y que deja huella en el proyecto de vida de quienes se atreven a dar el paso. Porque, como nos recuerda el carisma salesiano, la misión comienza mucho antes de partir y continúa mucho después de regresar.











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