Desinformación criminal

18 octubre 2023

“Hay que mirar el mundo, a sus problemas y dramas, a los mecanismos perversos que en muchos países agigantan las situaciones de sufrimiento e injusticia…” (CG XXIII, nº 209a)

El título puede parecer excesivo. Pero creo que es la valoración objetiva del tratamiento de la información que hacen los grandes medios occidentales de lo sucedido en Oriente Medio. Sobre todo, teniendo en cuenta la catástrofe humanitaria provocada por el estado de Israel, que en el momento de escribir estas líneas está a punto de perpetrar un genocidio ante los ojos cómplices de la comunidad internacional.

Y no, esto no supone estar de acuerdo con las barbaridades perpetradas por la organización Hamas, que se ha ganado con creces el calificativo de terrorista. No podemos caer en la asimetría contraria: condenar solo el terrorismo de un bando, cosa que hace masivamente la prensa occidental desde hace décadas, aliada con los intereses norteamericanos. Esto no lo entienden algunos políticos españoles, que tienen una visión un tanto maniquea del mundo, y solo ven los crímenes de un bando.

En 2004, Greg Philo y Mike Berry en su libro “Bad News from Israel” demostraron en un análisis impecable de los medios occidentales, que el ciudadano medio en Europa  demuestra una enorme ignorancia en torno al conflicto palestino-israelí. Por ejemplo, cuando se habla de los territorios ocupados, la mayor parte cree que éstos han sido ocupados por los palestinos, cuando en realidad la ocupación proviene del estado de Israel. Esto no es casual. Es resultado de una desinformación programada.

Los titulares en nuestro país hablan del “Derecho inalienable de Israel a la defensa” de forma unánime, cuando nadie se ha planteado que Palestina tiene el mismo derecho a la defensa, teniendo en cuenta que lleva más de setenta años dominada de forma opresiva y arbitraria por un estado que niega todo derecho a su población.

¡Qué diferencia de tratamiento con respecto a la guerra de Ucrania, en la que se da por sentado que este país tiene el derecho a defenderse de la invasión rusa! Nadie ha puesto en duda la legitimidad del ejército ucraniano, por más que se hayan conocido abusos y atrocidades por parte de éste. Se considera que esto no es representativo del conjunto. En cambio, se pone el acento en las atrocidades cometidas por Hamás, que ciertamente deben de ser condenadas, y estos hechos son considerados como terrorismo sin paliativos. Pero ¿quién condena los bombardeos masivos e indiscriminados contra población civil por parte de Israel?. ¿Es que los civiles palestinos valen menos que los israelíes?

El tratamiento de las imágenes también es asimétrico: se ponen en evidencia los sufrimientos inaceptables de la población judía, pero se ven mucho menos los efectos sobre los palestinos, entre otras razones porque Israel ha prohibido el acceso a Gaza de periodistas. Se muestran detalles de las víctimas del terrorismo de Hamas, explicando sus señales de identidad, y aspectos concretos de su vida, y eso está bien. Pero no se procede así con las víctimas palestinas:  éstas no tienen nombre, ni familia, ni profesión. Son números.

¿Cuántas fotos se han visto de los centenares de niños asesinados por las fuerzas armadas de Israel? En los titulares españoles se dice por ejemplo: “Israel bombardea objetivos de Hamas en la franja de Gaza”. Estos “objetivos de Hamas” son edificios de varias plantas llenos de civiles. ¿Eso no es terrorismo?

Por otro lado, ¿quién va a condenar el bloqueo que el Estado de Israel está perpetrando contra una población de casi dos millones de habitantes, al privarlos de energía, alimentos y agua potable? ¿Qué nombre recibe esto sino genocidio programado, en el que van a sucumbir miles de personas, entre las que hay niños, ancianos y enfermos?

Como educadores tenemos el compromiso de ofrecer a nuestros jóvenes herramientas para analizar la complejidad del mundo. Esto supone aceptar el  esfuerzo de buscar la verdad, porque el ejercicio del pensamiento crítico es mucho más laborioso que repetir titulares de la prensa que consideramos afín.

En este mundo donde hay tanta mentira precocinada, es indispensable la tarea de informarse, y aceptar la verdad, aunque ésta no nos guste.

Sin un continuo ejercicio crítico, nos puede ocurrir lo mismo que a aquel pez que se preguntaba dónde se encontraba el océano, cuando en realidad estaba sumergido en él.

Sumergidos en tanta mentira, al final uno puede acostumbrarse a ella, y tomarla por la verdad.

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