El papa León XIV cierra la Puerta Santa, concluye el Jubileo de la Esperanza

8 enero 2026

ANS - Ciudad del Vaticano

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El 6 de enero de 2026, en la Solemnidad de la Epifanía, se llevó a cabo el rito conclusivo del Jubileo, con el cierre de la Puerta Santa.

El papa León XIV cerró la Puerta Santa y, con ella, el Jubileo de la Esperanza, iniciado el 24 de diciembre de 2024 por el papa Francisco. El rito, símbolo de la conclusión del Año Santo, con toda su carga de historia, tradiciones y sugerencias, se celebró a las 21:40 h.

Momento solemne

Un Papa recogido en oración, por momentos emocionado, consciente de la solemnidad del momento: eso es lo que se ve ante el gran portón de bronce, rodeado de flores y ramas verdes, en el que están esculpidos los momentos más significativos de la historia de la salvación. Esta imagen del Sucesor de Pedro reaparece también en la misa de la Solemnidad de la Epifanía, celebrada en la Basílica de San Pedro, con los llamados a proseguir el camino jubilar amando y buscando la “paz”, huyendo de toda violencia y de esta “economía distorsionada” que “intenta sacar provecho de todo”, para convertirse, en cambio, en signo de una Iglesia que difunde “el perfume de la vida”.

Miles de fieles

Acompañando al Papa en este momento litúrgico había diez mil fieles reunidos – a pesar del frío y de la alerta meteorológica – en esa Plaza de San Pedro, convertida durante trescientos setenta y ocho días en iglesia jubilar al aire libre, entre las oraciones, los cantos y las peregrinaciones de más de treinta y tres millones de fieles venidos de todas partes del mundo.

Todos atravesaron esta entrada, coronada por las Llaves del Primado esculpidas en la piedra viva, con, en el centro, en lo alto, dos lápidas con inscripciones que recuerdan el Año Santo de 1975 querido por Pablo VI y el Gran Jubileo del Año 2000, punto de llegada de fin de siglo y punto de inicio del nuevo Milenio. Otras cinco mil ochocientas personas estaban sentadas en la Basílica para la celebración. Entre ellas, el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, con su hija Laura. Estaban presentes también el alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, el presidente de la región Lacio, Francesco Rocca, y el secretario del Consejo de Ministros de la República Italiana, Alfredo Mantovano.

Una Puerta siempre abierta

Antes de la misa, en el atrio rodeado por los cardenales, los obispos y los canónigos de San Pedro, León XIV lee la monición y luego la oración:

«Con ánimo agradecido nos disponemos a cerrar esta Puerta Santa, atravesada por una multitud de fieles, seguros de que el buen Pastor mantiene siempre abierta la puerta de su corazón para acogernos cada vez que nos sentimos cansados y oprimidos».

«Dios se revela y nada puede permanecer inmóvil»

En la homilía del Papa se entrelazan alegría y turbación, resistencia y obediencia, miedo y deseo. Son los sentimientos, es decir, de los Magos y del rey Herodes, símbolo de todos esos “contrastes” que aparecen en la Sagrada Escritura cada vez que Dios se manifiesta. Hoy celebramos la Epifanía del Señor, afirma León XIV, “conscientes de que en su presencia nada permanece como antes”.

Vidas en camino en un mundo atribulado

La mirada del Pontífice se dirige a la Puerta Santa, la última en ser cerrada después de las de Santa María la Mayor, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros. Este umbral, observa el Papa, “ha conocido el flujo de innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza, en camino hacia la Ciudad de las puertas siempre abiertas, la Nueva Jerusalén”. ¿Qué ha movido a toda esta gente? La búsqueda espiritual es un serio interrogante al término del Año jubilar: “Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué correspondencia?”. Como los Magos, estas personas han aceptado “el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje, que en un mundo atribulado como el nuestro, en muchos aspectos repelente y peligroso, sienten la necesidad de ir, de buscar”.

Todos, afirma el papa León, “somos vidas en camino”. Es el Evangelio el que impulsa a ese dinamismo y lo orienta hacia Dios, que “puede turbarnos, porque no permanece inmóvil en nuestras manos como los ídolos de plata y de oro”. Es un Dios “vivo y vivificante”, y este “perfume de la vida” debe difundirse ahora desde todos esos lugares como catedrales, basílicas y santuarios, convertidos en meta de peregrinación jubilar. Deben devolver ahora “la impresión imborrable de que otro mundo ha comenzado”.

El Evangelio hace audaces y creativos

La alegría del Evangelio “libera”, “hace prudentes”, sí, pero también “audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos”, subraya el Papa.

El Papa invitó a amar y buscar la paz, recordando que el Reino de Dios no se impone con la fuerza, sino que crece silenciosamente en el mundo, aunque encuentre resistencias y violencias, visibles en los conflictos actuales. Buscar la paz significa proteger lo que es frágil y naciente, como un niño, porque precisamente allí hay algo sagrado.

Después denunció una economía distorsionada, capaz de transformar todo en ganancia, incluso los deseos más profundos del ser humano. El Jubileo se convierte entonces en una ocasión para cambiar la mirada: ver en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el diferente a un compañero de camino.

Mirando a Cristo Niño, el Papa invitó a reconocer los “signos de los tiempos”: Dios no se manifiesta en el lujo, sino en la humildad. Jesús es un bien inestimable, que no puede ser comprado ni vendido: es la Epifanía de la gratuidad.

Por último, expresó la esperanza de que, si las iglesias permanecen vivas y acogedoras, las comunidades unidas y libres de las seducciones del poder, los cristianos puedan convertirse en la “generación de la aurora”, capaz de renovar a la humanidad no con la omnipotencia, sino con el amor de Dios hecho carne.

Al término de la celebración, el Papa se dirigió ante la estatua de Jesús Niño en la Basílica para un momento de veneración. Por último, pasó a saludar a los fieles que a las doce se unieron a los que estaban en la Plaza para seguir el Ángelus desde la Logia de las Bendiciones.

 

Resumen del Jubileo de la Esperanza

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