El tronco de la cucaña

Las cosas de Don Bosco  |  José J. Gómez Palacios

28 noviembre 2023

De aldea en aldea y de feria en feria. Así transcurría mi vida de tronco de cucaña. Siempre me molestó que me embadurnaran con grasa de tocino. Pero era el precio que debía pagar para no verme devorado por las llamas de cualquier hogar campesino. Mi dueño, -un feriante de pobladas cejas y mirada aviesa-, me preparó para la feria de Montafía, un pequeño pueblo de calles sin empedrar y olor a vacas.

Amanecía cuando mi amo me transportó hasta la plaza. A golpes de mazo me encajó con piedras verticales para que mi cuerpo se mantuviera firme y enhiesto. De mi parte superior colgaban los premios: una bolsa con 20 liras, un salchichón, un pañuelo, una botella de grappa…

La plaza fue llenándose tras la misa mayor. Mi dueño voceaba con voz aguardentosa: ¡A cincuenta céntimos el intento! Y enseguida me vi rodeado de jóvenes campesinos ansiosos por demostrar su habilidad. Observaban los premios. Pagaban los cincuenta céntimos. Se abrazaban a mi cuerpo e iniciaban el ascenso con más ímpetu que habilidad. Pero las fuerzas les abandonaban prontamente. Uno tras otro resbalaban y caían entre silbidos.

De pronto distinguí la mirada de un joven. No era un campesino. Sus ropas le delataban. Tal vez, un estudiante. Sus ojos inteligentes examinaban las pequeñas cicatrices que me quedaron al cortar mis antiguas ramas. Cuando le llegó el turno inició el ascenso lentamente. Trepaba aprovechando cada nudo imperceptible. Se apoyaba sobre sus talones para recuperar fuerzas… dominaba la ansiedad. Cuando tuvo los premios al alcance de la mano, se detuvo. Estaba al límite de sus fuerzas. El gentío hizo silencio. Él serenó su respiración, levantó la mano… y de tirón arrancó la bolsa con las 20 liras y el salchichón. Descendió entre aplausos y desapareció rápidamente.

Cuando me invade el tedio de ir de feria en feria, pienso en aquel estudiante. Estoy seguro que gastó el premio en libros y llegó a ser una persona sabia y bondadosa. Su recuerdo me da ánimos para seguir adelante.

Nota. Don Bosco, joven estudiante en Chieri, debía pagar sus estudios. A tal fin trabajó en diversos oficios… y no dudó en participar en la cucaña de la feria (MB I, 201).

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