¡Feliz Navidad!

12 diciembre 2023

Sorprende la voracidad de la sociedad de consumo por engullir tiempos y acelerar procesos. Parece que constantemente necesitamos novedades, acontecimientos globales que den paso a fiestas y generen compras alrededor de eventos convenientemente publicitados por el marketing, para darnos la seguridad de que pertenecemos a la tribu, de que no nos salimos de la normalidad. Sin haber guardado los disfraces de Halloween, nos lanzamos a por el Black Friday y, ya, entramos de cabeza en la Navidad. Ahora se compite por ver qué ciudad pone más luces, las enciende antes, o coloca el árbol más grande. Todo deprisa, si descanso, sin pausa.

Y, precisamente, lo que da sentido a las celebraciones de la Navidad es justamente lo contrario de lo que más aparece en el escaparate en estos días. La Navidad nos habla de la importancia de las cosas pequeñas, de la necesidad del sosiego y la calma para entender lo que verdaderamente es importante. Para los cristianos, nos habla de la voluntad de un Dios de querer ocuparse y preocuparse de los suyos, nosotros, viniendo a nuestro mundo.

En la pobreza de un establo donde una joven da a luz a su hijo, en la sencillez de unos pastores que se asombran ante ese misterio, en la pequeñez de una estrella –apenas un punto brillante en el firmamento–, que se convierte en guía, allí descubrimos al Hijo de Dios que viene, precisamente, a decirnos quién es nuestro Dios, cómo y por qué quiere relacionarse con nosotros y nos descubre quiénes somos nosotros para Él.

De esto va la Navidad. Y todo esto, sí, es lo que está detrás de las felicitaciones que enviamos estos días, de los adornos y Belenes (¡que no falten!) con los que decoramos nuestras casas, de las celebraciones familiares y buenos deseos que nos expresamos.

Por eso da igual los metros del árbol, o la cantidad de luces led que usamos de adorno. Cierto que también nos ayuda a crear un clima de ilusión, pero no olvidemos que no tenemos prisa. Que no hace falta ir de fiesta en fiesta, de tienda en tienda, de comida en comida para vivir con intensidad lo que estos días significan. Y allí, en la calma de nuestros recuerdos, en la añoranza de los seres queridos, en la sencilla ilusión de un tiempo nuevo que empieza, podremos vivir la Navidad.

Empezamos un nuevo año y seguimos caminando, como Familia Salesiana, al lado de los jóvenes. Somos hijos de Don Bosco, que creyó que es posible hacer realidad los sueños. Este año 2024 celebraremos 200 años del sueño que, a los 9 años de edad, tuvo Juanito Bosco y que marcó toda su vida. Somos hijos de un soñador; queremos que los jóvenes sueñen a lo grande su vida y queremos ayudarles a hacer realidad sus mejores sueños. Que esta Navidad nos sirva de estímulo para avivar este compromiso. ¡Feliz Navidad!

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