Don Bosco, siempre visionario y consciente del poder de los gestos simbólicos, decide convocar a sus colaboradores más cercanos para un acto que no tiene nada de anecdótico: realizar un retrato de grupo en septiembre de 1870. Tras más de tres décadas de actividad del Oratorio, Don Bosco no buscaba una foto de recuerdo, sino probablemente dejar constancia visual de que la semilla plantada en la precariedad de Valdocco ya era un árbol sólido y frondoso.
En esta fotografía histórica, diecinueve rostros nos miran desde finales del siglo XIX con una composición de imagen que comunica estabilidad y crecimiento. No es solo un retrato; es la fuerza colectiva de una comunidad. En el centro, destaca la figura de Don Bosco. Su mano en el pecho —gesto de sinceridad y fidelidad— y su mirada serena, pero cargada de responsabilidad, reflejan lo que los cronistas de la época describieron como una «satisfacción orgullosa entre sus hijos». A su lado, identificamos a los pilares que sostendrían la futura expansión salesiana: Don Cagliero, Don Costamagna, Don Bonetti, Don Barberis y otros tantos nombres que hoy son parte de la historia de la educación y la evangelización salesiana.
Para entender esta foto de 1870, hay que viajar once años atrás en el tiempo. La semilla se plantó la noche del 18 de diciembre de 1859. En una habitación pequeña y austera de Valdocco, diecisiete jóvenes —cuya media de edad apenas rozaba los veinte años— tomaron una decisión que cambiaría la historia. Bajo la luz de las velas, después de una jornada agotadora de actividad en el Oratorio, aquel grupo decidió unirse para formar una “Sociedad dedicada a la salvación de las almas, especialmente de los jóvenes en peligro». Sus nombres, escritos en un cuaderno que hoy custodia el Museo Casa Don Bosco, fueron los cimientos de la Congregación Salesiana.
Más que un retrato de grupo, la fotografía de 1870 captura el espíritu salesiano en estado puro: La prioridad de la gloria de Dios. La opción preferencial por los jóvenes pobres y en riesgo. El ambiente de familia, donde la autoridad se vive como servicio fraternal. La mansedumbre de San Francisco de Sales, el patrono que da nombre a la obra. En una Italia convulsa por las revoluciones y el anticlericalismo, Don Bosco comprendió que la educación no podía ser algo pasajero. Para garantizar que los oratorios, talleres y escuelas sobrevivieran al paso del tiempo, necesitaba una institución estable. Esta imagen es el momento visual de esa certeza. La tradición salesiana considera este momento como el acto fundacional de la Congregación Salesiana porque, por primera vez, la actividad educativa y pastoral de Don Bosco tomó forma estable, capaz de extenderse más allá de su fundador.
Lo que comenzó en una modesta habitación con un puñado de jóvenes entusiastas es hoy una realidad presente en más de 130 países. Aquella «sociedad» de la foto aprendió que educar requiere una presencia constante, una entrega que no sabe de horarios y un corazón capaz de soñar en grande.
Esta fotografía de 1870 no es solo un documento histórico; es un testimonio visual del momento en que un sueño comenzaba a ser una realidad institucional, cuando la pasión educativa de Don Bosco encontró brazos y corazones dispuestos a continuar su misión con creatividad, coraje y esperanza en cada rincón del mundo.
Hoy, al mirar esos rostros, renovamos nuestro compromiso de seguir escribiendo esta historia en cada rincón del mundo.
DATOS IMAGEN:
Don Bosco con los primeros salesianos, Turín 1870. Original fotográfico de albúmina, 17,7 x 12,5 cm.
© Archivio Salesiano Centrale, Roma.
https://www.flickr.com/photos/salesians/48897839357/in/album-72157711333178961




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