De garaje a parroquia: el humilde origen salesiano en Valladolid
Valladolid, verano de 1971.
En un barrio periférico marcado por la precariedad urbana y la escasez de recursos, comienza a gestarse una historia de fe, compromiso y comunidad. La imagen de esta fotografía muestra la fachada de un edificio modesto, con una cruz de cristal sobre la puerta y un grupo de personas reunidas en la calle. No hay ornamentos ni solemnidad, pero sí algo que atraviesa el tiempo: es el testimonio gráfico de los inicios de la presencia salesiana en Pajarillos Altos (Valladolid) .
Una llegada sin certezas
El 17 de agosto de 1971, tres salesianos —D. Aureliano Laguna, D. Francisco Carrasco y D. Francisco García— llegaron a Valladolid con una misión clara: fundar una comunidad salesiana en el barrio de Pajarillos Altos. El primer contacto con el párroco de San Ignacio, en Pajarillos Bajos, no dio resultado. No había local para el culto ni residencia disponible. La fundación parecía incierta.
Pero al día siguiente, el 18 de agosto, se localizó un garaje que podría transformarse en templo provisional. Se alquiló por 6.500 pesetas mensuales, una cifra que muchos vecinos consideraban elevada. También se arrendaron dos pisos para residencia. Las obras comenzaron en septiembre, realizadas por particulares, en un entorno donde la autoconstrucción era norma. El garaje, con sus columnas y goteras, ofrecía más obstáculos que comodidades.
Un templo improvisado
La fotografía, según los archivos, muestra ese primer templo: un garaje con ventanales abatibles marcados por una cruz de cristal. Un cartel sencillo anunciaba la sede de la Parroquia de María Auxiliadora y San Francisco Javier. Las imágenes posteriores revelan el presbiterio y una vista general del local, donde las columnas dificultaban incluso el estacionamiento de vehículos. “Una indigna cochera donde apenas cabían cuatro coches”, describiría más tarde D. José Aguado Poza, párroco de San Isidro.
La humedad, la escasa ventilación y las goteras provenientes del patio de luces eran constantes. Las arquetas estaban selladas, y fue necesario picar el suelo por problemas de desagüe. Aun así, el entusiasmo superó las carencias. El 13 de octubre, en una visita al arzobispo, se concretó la fecha de bendición: el 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos. Aunque se propuso el nombre de San Juan Bosco, el arzobispo prefirió María Auxiliadora: “La Virgen será siempre la que más influencia tenga”.
Solidaridad intercomunitaria
La fundación no habría sido posible sin el apoyo de otras comunidades salesianas. Astudillo, Medina del Campo, Villagarcía de Arosa, Zamora, León y Tudela de Veguín que aportaron recursos y solidaridad. Fue una obra colectiva, nacida de la convicción de que incluso en las periferias urbanas, la fe puede echar raíces.
Un legado que perdura
Hoy, el edificio que aparece en la imagen vuelve a a ser un garaje. Pero la cruz de cristal sobre la puerta sigue ahí, como único signo visible de aquellos comienzos. Es un símbolo discreto, casi inadvertido, pero cargado de memoria. Como escribió uno de los primeros cronistas: “Don Bosco ha velado y sostenido a esta pequeña fundación. Ella lo ha hecho todo”.
La historia de Pajarillos Altos no se cuenta en grandes gestas, sino en gestos humildes: una cruz en una cristalera, una comunidad que se reúne bajo la lluvia, una cochera que se transforma en templo. Esta fotografía no solo documenta un momento; evoca una promesa cumplida.
DATOS IMAGEN:
Texto e imagen de Juan Angel Cañibano
Archivo Comunidad salesiana de Valladolid
Archivero: Efraín García Sendino
CENTRO PATRIMONIO SALESIANO SSM




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