Esta fotografía nos traslada a los orígenes del colegio salesiano en Cuenca, cuando el edificio comenzaba a alzarse en un entorno todavía vacío y en transformación. Su arquitectura, moderna y funcional para su tiempo, fue pensada para acoger no solo aulas, sino también talleres, espacios formativos y residencia, fiel al estilo educativo de Don Bosco.
La presencia salesiana en Cuenca comenzó en 1959, como respuesta a la petición expresa de la Diputación Provincial, que buscaba una institución educativa capaz de atender a la juventud de toda la provincia. La Congregación Salesiana asumió el encargo enviando a los primeros salesianos, quienes iniciaron su labor educativa en el denominado Hospital Nuevo, edificio cedido de forma provisional. Allí comenzaron las clases con algo más de un centenar de alumnos.
El rápido crecimiento de la obra hizo necesario buscar nuevos espacios. Entre 1965 y 1967, el colegio se trasladó provisionalmente al edificio Palafox, propiedad de la diócesis. Paralelamente, gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Cuenca y de la familia Nielfa, los salesianos adquirieron terrenos en la ladera junto al río Júcar, una ubicación elevada y abierta al paisaje conquense, considerada ideal para levantar un centro educativo moderno y de gran proyección.
El 24 de mayo de 1966 se colocó la primera piedra del nuevo colegio, que abrió sus puertas en el curso 1967-1968. La imagen de la fotografía que acompaña este texto corresponde a aquellos primeros años del complejo, concebido como un espacio amplio, luminoso y funcional. Sus instalaciones —campos deportivos, residencia, piscina, iglesia de diseño moderno y un gran salón de actos— resultaban excepcionales para la época y reflejaban una clara apuesta por la educación integral, al estilo de Don Bosco.
El centro alcanzó pronto su momento de mayor esplendor. En 1970 llegó a reunir cerca de 800 alumnos, atendidos por una comunidad de 14 salesianos, junto con profesores seglares y sacerdotes diocesanos. En torno al colegio floreció una intensa vida educativa y pastoral: grupos juveniles, formación de padres, teatro, deporte, cine-club, música, turismo juvenil y una activa Familia Salesiana. Para muchos jóvenes, especialmente internos procedentes de pueblos de la provincia, el colegio fue un verdadero hogar y una oportunidad de futuro.
Los cambios legislativos y sociales marcaron, sin embargo, un nuevo rumbo. La Ley General de Educación de 1970 transformó el mapa escolar, creando centros en las localidades de origen de muchos alumnos internos.
Esto provocó un descenso progresivo del alumnado, al que se sumaron la disminución de vocaciones y la necesidad de reorganizar las obras salesianas en la antigua inspectoría de Valencia. Aunque en 1978 se planteó el cierre del colegio, la presión de familias, instituciones locales y del obispo permitió mantenerlo abierto algunos años más.
Finalmente, ante la imposibilidad de revertir la situación, se decidió el cierre definitivo. En 1988, el edificio fue vendido a la Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, que lo destinó a sede universitaria. Los salesianos continuaron su labor educativa durante dos años más en un local de la calle Colón, atendiendo a un pequeño grupo de alumnos, hasta su retirada definitiva de la enseñanza en 1991.
Como gesto de gratitud y memoria, la imagen de María Auxiliadora, obra del escultor conquense Marco Pérez y que presidía la iglesia del colegio, permaneció en la ciudad. Hoy se conserva en la parroquia de la Paz, donde sigue siendo un símbolo vivo del legado salesiano en Cuenca.
Desde sus inicios, la presencia salesiana en Cuenca ha estado ligada a la educación integral de los jóvenes, especialmente de aquellos que necesitaban mayores oportunidades. Estas paredes han sido testigo de generaciones de alumnos, educadores y salesianos que han compartido estudio, trabajo, fe y vida.
Hoy, esta fotografía no es solo un recuerdo del pasado: es testimonio de una obra educativa que marcó a generaciones y forma parte del patrimonio histórico, social y educativo de la ciudad.
Conservar la memoria de estos espacios es también reconocer la huella que la obra salesiana ha dejado —y sigue dejando— en Cuenca y en tantas vidas.
DATOS IMAGEN:
Original fotográfico en tarjetas postales, cedidas por don Alfonso Domenech S.D.B.
Archivo Centro Patrimonio Salesiano SSM




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