Inteligencia artificial, nuestro reto

8 mayo 2024

En los últimos meses se han sucedido publicaciones, encuentros, foros sobre la Inteligencia Artificial (IA) en nuestros ambientes salesianos. El mes pasado contábamos, en nuestro Boletín, el encuentro de Comunicación sobre este tema, y en este número, traemos la noticia de otra jornada para reflexionar sobre las implicaciones pastorales de la IA.

Puede parecer que todos seguimos una nueva moda en esto de la tecnología. Pero esto no es así. Si la llegada masiva de Internet a nuestras vidas, a finales del siglo XX, y el boom especialmente de las redes sociales al inicio del XXI, marcaron un cambio de época y produjeron profundas transformaciones en la vida de las personas, con la IA sucederá algo parecido. Y estamos en los inicios de esta realidad tecnológica que la UNESCO definía –en 2019– como el ‘conjunto de tecnologías, algoritmos y sistemas que permiten a las máquinas realizar tareas que requieren inteligencia humana’.

Cultura digital

La IA forma parte ya de nuestra vida diaria, pensemos en los navegadores de los automóviles, teléfonos inteligentes, asistentes de voz, automatización del hogar, atención al cliente, etc. En educación, seguridad, salud, industria… la IA está cada vez más presente a través de aplicaciones destinadas a ayudar a las personas a realizar tareas, resolver situaciones o tomar decisiones. La IA es una vuelta de tuerca más en el nuevo mundo que, con la digitalización, se está configurando. Es un paso más, profundo y relevante, en la configuración de la cultura digital en la que vivimos, aprendemos, nos relacionamos, sentimos y en la que también somos creyentes y anunciamos el Evangelio.

Gobiernos y agencias internacionales están muy interesados en todo lo relacionado con la IA. Pero también la Iglesia, entidades dedicadas a la educación, nosotros mismos como Congregación, nos interesa y preocupa todo lo relacionado con el desarrollo de estas tecnologías y su impacto en personas y sociedades. Nuestra misión educativo-pastoral se desarrolla en un tiempo y contexto cultural determinado; nos pone en relación con las personas, para nosotros especialmente los jóvenes, que viven en un momento y cultura determinados. Y es ahí, en ese ambiente cultural y con esas personas concretas, donde realizamos nuestra misión. Como cualquier salto tecnológico anterior, también ahora las tecnologías afectan a las personas, generan desigualdades, ponen en riesgo aspectos ligados a la propia dignidad de las personas.

Ante nosotros se abre un terreno interesante de reflexión, educación, toma de postura como ciudadanos activos ante interrogantes que se pueden plantear: quién tiene el control, la información, cómo se protege la privacidad, la libertad, cómo se garantiza la inclusión y las libertades fundamentales, entre otros. Los gobiernos están trabajando en marcos jurídicos que salvaguarden los derechos de los ciudadanos. A nosotros nos toca informarnos, educar, acompañar, a las personas, más aún a los jóvenes, para que –como recordaba recientemente Francisco– puedan ‘afrontar estos cambios desde una perspectiva humana, promoviendo una nueva humanidad arraigada en los valores del Espíritu y una profunda sabiduría del corazón”.

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