La Biblia, “esa luz en mi sendero”

Aprendiendo a Vivir

1 diciembre 2022

Abel Domínguez

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La Biblia está cargada de historias. En muchas de ellas vemos reflejados hechos similares que suceden en la actualidad, pero en diferentes contextos. La Biblia sigue siendo actual.

Son las 22:15 horas. Abro una de las biblias que tengo en la estantería. ¿Qué hay en ella que me atrae? ¿Qué hago yo abriendo esta colección de libros del pasado? ¿No he leído muchos de sus pasajes ya muchas veces? ¿No hay partes de ella que ya me sé de memoria?

Llevo un rato pasando hojas. ¿Qué me apetece leer? ¿Cuál de sus casi 80 libros recopilados leer? ¿Me apetece alguna leyenda o alguna batalla, oración o algún poema? ¿Uno de los emotivos diálogos de Jesús o alguna carta dispuesta a inspirar y animar la vida de las primeras comunidades cristianas? ¿Busco profunda sabiduría o preguntas filosóficas? Y así pasa el tiempo.

Sigo con la Biblia en mis manos. La tinta impregna en el papel el nombre de viejos conocidos y amigas sorprendentes. Quizás lo mejor sea visitarles, volver a leer sus aventuras y desventuras y preguntarme si no me estarán viendo ellos a mí: Abraham y Sara, Agar e Ismael, Rut, Ester, Jeremías, Pedro, Judas, María de Nazaret, Dina o Moisés. ¿Qué pensarían todos ellos si leyeran mi vida de fe? ¿Sabrán que muchas veces sus vidas han inspirado o interrogado a la mía?

Soy consciente de que cada uno vivió una época distinta, que incluso vivieron en países muy lejanos unos y otros. ¡Cuánta diversidad! ¡Cuántas maneras diferentes de acercarse y hablar del mismo Dios, de sentirlo y seguirlo, obedecerlo y amarlo! ¡Incluso rechazarlo y traicionarlo!

Y más palabras

Aún sigo con la Biblia delante de mis ojos. La abro y cierro saltando de una página a otra sin orden. Entre las numerosas páginas destacan frases subrayadas. Versículos que en algún momento de oración, estudio o reflexión he subrayado, porque, en ese momento, eran las palabras que necesitaba: de aliento y consuelo, de ánimo o inspiración… Palabras y expresiones que reflejan retos, caminos, dudas, alegrías y preguntas de otras épocas. Pero que son las mismas de esta época en la que yo abro mi Biblia cada día.

¿No serán esos subrayados que hice un reflejo de que la Biblia puede ayudarme a entenderme a mí mismo y lo que me rodea? ¿No serán esas palabras una ayuda para poder poner nombre a lo que vivimos? ¿Para cuestionar algunas certezas o algunos estilos de vida? ¿Para fijarse en quienes no tienen nombre?

Por fin elijo un fragmento. Lo leo y saboreo. Lo repito e incluso memorizo. Es un fragmento breve pero profundo. Quiero convertirlo en oración. Ya no estamos solos mi Biblia y yo. Ese fragmento me ha abierto los labios para responder a quien me esperaba escondido en su mensaje. La lectura ya no es lectura, es diálogo. El fragmento subrayado ya no es pasado, es presente. Ya no es del autor que lo escribió, lo hago mío. Es mi oración, que dice: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero”.

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