La cesta de Mamá Margarita

11 diciembre 2023

Al final de un año, todos tenemos una cesta de recuerdos en el alma. Contiene lo que hemos vivido, un año rico, lleno de recuerdos agradables, pero también de acontecimientos inesperados. Un año en el que no faltaron las sorpresas.

Queridos amigos de Don Bosco y de su carisma, a finales de 2023 me ha parecido interesante utilizar el simbolismo de la cesta que Mamá Margarita lleva siempre en el brazo, en los cuadros que hay de ella. Incluso en el nuevo cartel del Aguinaldo, su signo distintivo es la cesta. Todos estamos acostumbrados a verla así. Sin la cesta, el pañuelo en la cabeza y el vestido de campesina pobre no nos parecería ella.

La cesta estaba hecha de mimbre tejido con mucho cuidado. Había llevado ropita para sus nietos, sabrosas hogazas recién horneados y ropa de cama con olor a limpio.

Pero el 3 de noviembre de 1846, como cuenta Don Bosco en las Memorias del Oratorio, cuando su madre y él bajaban de I Becchi a Turín para acoger a los jóvenes abandonados de la ciudad, Mamá Margarita la llenó con su ajuar de boda, cuidadosamente doblado y, en el centro, colocó unos manojos de lavanda. En el fondo, bien escondido bajo la funda de tela, escondía su pequeño tesoro: un paquetito de terciopelo con dos anillos y un colgante de oro.

Con estos escasos bienes lograron cubrir las primeras necesidades del Oratorio. Mamá Margarita tenía un corazón tan grande como todas las colinas de la zona de Asti y el ajuar empezó a desaparecer, convirtiéndose en camisetas y ropa interior para los muchachos. Es curioso el destino del vestido de novia que se convirtió primero en mantel del altar de la Capilla Pinardi y luego en sábana para un enfermo de cólera.

Pero la cesta no estaba vacía, contenía el aroma de todas las cosas bellas y buenas de su vida.

El cofre del tesoro de los recuerdos felices

Al final del año deberíamos tener una cesta como esta. Colgando de la mente y el corazón. Una cesta como cofre del tesoro de recuerdos felices. Deberíamos llenarlo del asombro de la danza de la vida que ha pasado rápidamente: las personas que nos han hecho bien, los acontecimientos de gracia, los encuentros que nos han vuelto a dar aliento y coraje, las certezas, las esperanzas y, en el fondo, todo el oro precioso de la presencia de Dios.

  • En mi cesta he encontrado muchas cosas por las que agradecer al Señor de la Vida, nuestro buen Dios y Padre. Y ciertamente, como ocurre en la vida de cada persona, incluidos los que me leéis, no todo lo que se vive en un año ha producido alegría. También hay dolores, penurias, exigencias, pérdidas, pero todo esto, vivido en la fe, se ilumina de manera preciosa.
  • En mi cesta encuentro muchos esfuerzos, tanto personales como de quienes me ayudan en la animación y el gobierno de la Congregación, que han servido para dar vida, tanta vida: hemos podido ayudar a muchas personas, niños y jóvenes del mundo salesiano, animando a mis hermanos y a la Familia Salesiana a continuar el camino de fidelidad salesiana. La cesta está llena de numerosas donaciones de muchas personas de todo el mundo, de las 135 naciones y de los miles de obras de toda la Familia Salesiana en el mundo.
  • En mi cesta de este año está la visita de Don Bosco al centro de menores (la antigua Generala que Don Bosco visitó con Don Cafasso), y de la que regresé a casa con el corazón apesadumbrado y lleno de dolor por haberme encontrado allí con aquellos jóvenes (que espero superen pronto esta situación), pero con la alegría de saber que lo lograrán. El saludo del joven que me preguntó: “¿Cuándo vuelves?”, está grabado en mi memoria. Y volveré pronto.
  • En mi cesta está la alegría de muchos viajes realizados durante el año, también por los cinco continentes pues volví a visitar Australia. Podría escribir páginas sobre todos los viajes. Sólo mencionaré mi visita a Perú, dos veces en febrero, en el altiplano de Huancayo, con su frío y sus cerros y el encuentro con más de mil jóvenes, a 2.500 metros sobre el nivel del mar, y el inmenso calor, de la ciudad del eterno calor (como a ellos mismos les gusta decir) que es Piura, donde encontré una devoción a María Auxiliadora que me conmovió.
  • Mi cesta contiene la alegría de verme en Viedma-Argentina a cinco meses de la canonización del salesiano coadjutor San Artémides Zatti y de volver sobre los caminos que recorrió, y de vivir donde vivió e hizo realidad la santidad en la vida de cada día.
  • Y la cesta, en lo más profundo de mi corazón, contiene este año la experiencia más profunda que un ser humano puede tener. La experiencia de perder a mi madre, especialmente cuando mi padre ya se fue al cielo. Realmente sientes que se corta definitivamente el “cordón umbilical” que te sostuvo, no sólo al venir al mundo, sino durante toda tu vida. Pero esto también lo viví, con la Gracia del Señor, como una pérdida, por supuesto, pero llena de significado, llena de esperanza y con un inmenso agradecimiento al Señor de la vida por una larga y hermosa vida tanto en el caso de mi padre y mi madre. ¿Cómo no agradecérselo?
  • Mi cesta de este año contiene la inmensa alegría de los hermosos días pasados en Lisboa con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Más de un millón de jóvenes vivieron un precioso testimonio de humanidad y humanismo, de la capacidad de vivir en armonía, amistad y paz a pesar de ser muy diversos, diferentes, procedentes de todo el mundo. ¡Qué gran lección nos dan!
  • Y finalmente, mi cesta de este año contiene un profundo acto de fe y obediencia. Sin duda, por fe lo ha hecho el Santo Padre nombrándome Cardenal de la Santa Iglesia Romana. Y ciertamente por fe, y con la certeza de que nuestro Dios acompaña la vida de cada uno de nosotros de la manera única que sólo Él conoce, acepté este plan y esta obediencia. Ciertamente con gratitud y con la promesa de fidelidad y lealtad al Vicario de Cristo, como se nos declara cuando recibimos el anillo cardenalicio. Sólo en la fe se puede vivir dignamente algo así.

Como podéis ver, mi cesta está llena. Estoy seguro de que también es así en la vida de cada uno. Este es el gran regalo de la vida de parte de Dios.

Os deseo un tiempo bendecido este mes. Y espero que, en espera de la venida de Jesucristo, sigáis trabajando como Familia Salesiana para que nuestro mundo sea purificado del odio y de la discordia y se llene del espíritu cristiano, para que todos podamos vivir siempre en paz unos con otros.

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