La comunidad Miguel Rúa de Salesianos Carabanchel cuenta con un nuevo Don Bosco

2 febrero 2026

Miguel Ángel Fernández

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Una imagen que, más que nueva, es recuperada, pues su llegada ha sido posible gracias a un hallazgo inesperado en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad de Madrid: El Rastro.

El mes de enero, tiempo en que la Familia Salesiana celebra a su fundador, ha traído este año un acontecimiento especialmente significativo para la comunidad Miguel Rúa del Colegio Salesiano de Carabanchel: la presentación y bendición de una nueva imagen de Don Bosco en la capilla comunitaria. Una imagen que, más que nueva, es recuperada, pues su llegada ha sido posible gracias a un hallazgo inesperado en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad de Madrid: El Rastro.

Un hallazgo providencial en el corazón de Madrid

La historia de esta recuperación tiene un matiz especialmente entrañable: la escultura fue descubierta por un antiguo alumno salesiano, que reconoció en ella la iconografía característica de Don Bosco. Su intuición, unida a su cariño salesiano, le llevó a comunicar el hallazgo.

La pieza se encontraba en una tienda de antigüedades del Rastro, este tradicional mercadillo de barrio madrileño donde conviven memoria, objetos perdidos y tesoros inesperados. A pesar del polvo acumulado y del paso del tiempo, la escultura conservaba una fuerza expresiva inconfundible: Don Bosco acompañado por un joven, en una composición profundamente salesiana.

Tras un proceso de documentacion y estudio, se confirmó que se trataba de un modelo en pasta de escayola realizado hacia 1974-1975 por Víctor González Gil (1912-1992), uno de los escultores españoles destacados del siglo XX en el ámbito de la imaginería religiosa y la escultura pública sacra. La pieza formaba parte del proceso creativo del Monumento a Don Bosco de Astudillo (Palencia), inaugurado en 1975. La firma del autor en la imagen facilita mucho esta información.

Una coincidencia histórica que habla al corazón salesiano

El hallazgo adquiere un matiz aún más simbólico cuando se recuerda que Víctor González Gil nació en Talavera de la Reina (Toledo), ciudad en la que existió una casa salesiana desde 1914 hasta 1922. Aunque el escultor era apenas un niño en aquellos años, la coincidencia histórica resulta sugerente: el autor de una de las representaciones más emblemáticas de Don Bosco en España nació en un lugar donde, precisamente en su infancia, los salesianos desarrollaban una intensa labor educativa y pastoral.

Es un detalle que invita a leer esta recuperación como un pequeño guiño de la historia: el arte, la misión y la memoria salesiana vuelven a encontrarse.

Una obra que revela el proceso creativo de un maestro

Esta imagen es un modelo en pasta de escayola que fue concebido como parte de la técnica tradicional creativo de González Gil, permitiendo la verificación formal y compositiva del grupo escultórico, la posibilidad de presentación del proyecto monumental a los promotores, y sirviendo además como base directa para la posterior fundición en bronce mediante el sistema de cera perdida.

Su valor patrimonial es excepcional: permite comprender el proceso creativo del monumento definitivo y estudiar el lenguaje artístico del autor, caracterizado por un realismo humanizado, una expresividad contenida y una iconografía clara y pedagógica.

La escena —Don Bosco de pie, acompañado por un joven que se apoya en él con confianza— resume de forma magistral el núcleo del carisma salesiano: cercanía, acompañamiento y educación integral.

De pieza olvidada a patrimonio vivo

Tras su adquisición en El Rastro, la escultura fue sometida a un proceso de limpieza y restauración de conservación, respetando su naturaleza y características originales. La comunidad Miguel Rúa decidió entonces darle un destino que uniera su valor histórico con su función espiritual: instalarla en la capilla comunitaria, donde ahora preside un espacio de oración, fraternidad y misión.

La bendición de esta imagen tuvo lugar durante la eucaristía comunitaria de los lunes, un momento habitual de encuentro fraterno para la comunidad Miguel Rúa. En esta ocasión, la celebración adquirió un carácter especial al contar también con la presencia de la otra comunidad salesiana de Carabanchel, la del Sagrado Corazón, que quiso unirse al gesto y compartir la alegría por la recuperación de este bien patrimonial.

La presencia de ambas comunidades reforzó el sentido de familia, continuidad y misión compartida que caracteriza la vida salesiana.

Un signo para este enero salesiano

En el mes dedicado a Don Bosco, la llegada de este “Nuevo Don Bosco” adquiere un significado especial. No es solo una obra de arte recuperada: es un símbolo de identidad, un fragmento de la memoria salesiana que vuelve a latir en un nuevo contexto.

Su presencia recuerda que el patrimonio no es únicamente un conjunto de objetos, sino una historia compartida, una herencia que se renueva y se reactiva cuando vuelve a ser mirada, celebrada y puesta al servicio de la misión.

La comunidad Miguel Rúa celebra así no solo la bendición de una imagen, sino el regreso de un Don Bosco que vuelve a acompañar, como siempre quiso, a quienes dedican su vida a los jóvenes.

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