La Historia Sagrada

Las cosas de Don Bosco  |  José J. Gómez Palacios

12 abril 2022

Vi la primera luz en la tipografía de Speirani y Ferrero; modesta editorial cercana a la Iglesia de San Roque de Turín. Me amamantaron con tinta de imprenta y me vistieron con unas elegantes tapas decoradas en la que figuraba la imagen de Moisés.

Hubiera pasado a la historia como un libro vulgar a no ser por el entusiasmo de mi autor, el sacerdote Juan Bosco. Recuerdo sus incesantes idas y venidas a la editorial. Recogía las pruebas de imprenta, leía detenidamente las galeradas, corregía párrafos, ajustaba las ilustraciones, recomponía el índice… Don Bosco mostró tanto interés por mí que nací con una vanidad innata.

Mi interior estaba decorado con más de cincuenta ilustraciones. Cada página era una ventana por la que se asomaban los principales personajes bíblicos: Adán y Eva, Noé, Abraham, Moisés, David, Sansón… Mis contenidos culminaban con Jesús de Nazareth.

Tomé conciencia de mi misión al comprobar que todos ellos presentaban rasgos comunes: la fe en Dios, la valentía y la fortaleza para hacer frente a las dificultades de la vida. Modelos cargados de valores para los jóvenes del Oratorio.

Una mañana de otoño llevaron un primer ejemplar a Don Bosco. Fue entonces cuando descubrí el secreto que se escondía entre mis páginas.

El joven sacerdote me tomó en sus manos. Me miró. Percibí en sus ojos el brillo de una emoción largamente presentida. Aspiró el olor a tinta impresa que desprendían mis hojas nuevas. Inmediatamente buscó el capítulo IX; el que describe la vocación y el largo itinerario que siguió Moisés por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida… Leyó el capítulo sin levantar la vista. Sus ojos recorrían las frases con rapidez. Reconocía el texto escrito y se reconocía a sí mismo en él. Cuando terminó el capítulo tenía los ojos humedecidos.

Así fue como descubrí que aquel sacerdote, a pesar de sus escasos treinta años, se sentía el guía de un pueblo de jóvenes. Durante largos años había sufrido lo indecible, deambulado con sus muchachos de prado en prado, de santuario en santuario, de oasis en oasis hasta llegar al Oratorio de San Francisco de Sales: su Tierra Prometida. Era un nuevo Moisés comprometido con guiar a los jóvenes del mundo.

Mi vida de libro ha sido muy larga. Durante un siglo se han hecho múltiples ediciones de mí. Siempre fui fiel a la misión que me encomendó Don Bosco: conducir a los jóvenes por los senderos de la vida; proponer los valores de los personajes bíblicos que se asoman por entre mis páginas; ofrecer modelos de vida…

Actualmente me he convertido en pieza de museo. Pero a pesar de los años, siento cómo late la vida entre mis hojas: el pueblo de jóvenes que puso en camino Don Bosco, sigue transitando infinitos senderos por todos los rincones del mundo.

Nota: 1847. Don Bosco publica su libro “Historia Sagrada”. Al detectar que no existen libros religiosos adaptados a los muchachos, pone manos a la obra con gran entusiasmo. Este libro muestra los valores que adornan a los principales personajes bíblicos. Se hicieron sucesivas ediciones a lo largo de más de cien años. La última edición está fechada en 1956. (Memorias del Oratorio. Década Tercera, nº 3).

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