Las hierbas colorantes

Las cosas de Don Bosco  |  José J. Gómez Palacios

28 junio 2022

¿Quién es ese chiquillo que nos visita cuando el otoño nos viste de colores anaranjados y ocres? Ésta era la pregunta que nos hacíamos los árboles de las colinas de I Becchi cuando los calores del verano daban paso al otoño y veíamos a aquel niño rebuscar en las plantas del bosque.

Robles y castaños hicieron un pacto para vigilarle. Por fin comunicaron sus conclusiones: “El chiquillo busca hierbas colorantes. A pesar de sus pocos años conoce cada hierba. Las selecciona y corta con cuidado. Las clasifica por colores en pequeños sacos de tela”.

Las acacias que custodian el camino que va desde I Becchi a Castelnuovo completaron la información: “Los días de mercado vende en Castelnuovo las hierbas colorantes que utilizan los campesinos para teñir tejidos. Así gana algunas monedas”.

¿Para qué querrá este chiquillo el dinero que obtiene con la venta de nuestras hierbas?

Nuevas pesquisas. Por fin el manzano que crece cerca del prado trajo la respuesta: “Con los beneficios ha comprado cuerdas, bolas de colores, naipes, pañuelos, bolsas con doble fondo, cajas… El chiquillo se ha convertido en saltimbanqui. Cada domingo reúne a niños y mayores de la aldea de I Becchi. Les enseña a rezar, les sumerge en la magia de los juegos de manos que ha visto realizar a los titiriteros en las ferias de Butigliera y Castelnuevo… Anda por encima de la cuerda como experto funámbulo. Le llaman Juan Bosco. Es hijo de Margarita.

El abedul, con su sabiduría, concluyó: “Es un muchacho admirable. Con los colores de las hierbas de nuestra tierra tiñe de alegría las aburridas tardes de los domingos”.

Pero un buen día el niño marchó. Desapareció el pequeño titiritero. Tan larga fue su ausencia que terminamos por olvidarlo.

De pronto, cuando ya no nos acordábamos de él, una noticia se extendió por las colinas de I Becchi: ¡Ha regresado!

Le vimos desde la altura de las ramas de los árboles. Enseguida descubrimos que no había vuelto solo. Le acompañaba más de un centenar de niños y jóvenes que poblaban nuestro silencio con sus cantos y sus risas.

¿Quiénes eran aquellos muchachos?

El abedul nos desveló el secreto: “Aunque Juan ya no es un niño, sigue siendo aquel chiquillo que buscaba hierbas colorantes. Los niños que le acompañan son pequeños huérfanos obligados a llevar una existencia oscura en las fábricas de la ciudad. Juan Bosco inventa cada mañana un arco iris para sus muchachos. Extiende sobre ellos el color rojo del afecto; contornea el color verde de un futuro cargado de oportunidades; diseña el azul de la cultura; les propone el color amarillo de la oración, llama encendida ante Dios…

Y los árboles de las colinas de I Becchi dimos gracias a Dios por Juan Bosco, el chiquillo que aprendió en nuestra tierra a buscar colores para dibujar sobre los jóvenes un Arco Iris de Vida.

Nota: Juan Bosco niño recolectaba plantas colorantes en las colinas de I Becchi que vendía en el mercado de Castelnuovo. Con el beneficio de estas ventas compraba lo necesario para ejercer de saltimbanqui y entretener a sus vecinos. (Memorias del Oratorio. Década primera, nº 1).

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