Dos meses después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto, los Salesianos continúan acompañando a las comunidades afectadas. La emergencia ha dejado importantes daños materiales, ha interrumpido actividades educativas y sociales y ha cambiado la vida de numerosas familias.
El balance elaborado por la Inspectoría Salesiana San Luis Beltrán de Medellín refleja la magnitud de la situación: diez de sus 18 comunidades sufrieron daños, 2.100 personas se vieron afectadas por la suspensión temporal de servicios y 90 trabajadores y familias registraron daños en sus viviendas y necesitan acompañamiento psicosocial. El informe también recoge el fallecimiento de dos personas beneficiarias vinculadas a las obras salesianas.
Desde las primeras horas, las comunidades salesianas se movilizaron para evaluar los daños, atender a las personas afectadas y organizar la distribución de productos de primera necesidad.
«Como Salesianos sabíamos que nuestro lugar estaba al lado de quienes más estaban sufriendo», recuerda Adolfo Enrique Romero, responsable del Sector Protección de la Inspectoría.
Una respuesta solidaria de 68 toneladas
La respuesta inmediata se organizó mediante equipos de emergencia y siete centros de recogida de ayuda. En apenas un mes se movilizaron 68 toneladas de productos de primera necesidad, valoradas en más de 185.000 euros.
Entre las entregas realizadas destacan 20 toneladas destinadas a Dosquebradas, 16 a Chocó y 19 a Cali, además de otras distribuciones en Tuluá y ayudas directas a familias.
La presencia habitual de los Salesianos en estas comunidades permitió actuar con rapidez y convertir sus obras en puntos de recepción y distribución de alimentos, agua y otros productos esenciales.
«Fue posible porque ya estábamos presentes y conocíamos a las comunidades», explica Romero.
Recuperar los colegios y garantizar la educación
Una de las principales preocupaciones es la situación de los centros educativos afectados por el terremoto.
El Instituto Técnico Industrial San Juan Bosco de Cali presenta daños estructurales estimados en torno al 85%, con problemas en paredes, columnas, techos y diferentes bloques que dificultan la recuperación de la actividad académica y educativo-pastoral.
También se han registrado daños en el Colegio San Juan Bosco de Dosquebradas, el Instituto Pedro Justo Berrío de Medellín y las presencias salesianas de Tuluá.
En Condoto, en la región del Chocó, la Parroquia San José necesita estudios especializados para determinar la estabilidad del edificio tras los daños sufridos.
Junto a la reparación de las instalaciones, la Inspectoría trabaja para evitar que las consecuencias del terremoto provoquen el abandono escolar.
Alrededor de 300 estudiantes de Cali y Dosquebradas necesitan apoyo para continuar sus estudios. El plan de educación en emergencia contempla becas, materiales escolares, transporte, visitas domiciliarias y acompañamiento a las familias.
Reconstruir también los proyectos de vida
Superada la primera fase de emergencia, la prioridad es avanzar hacia una recuperación integral que permita devolver la seguridad a los espacios educativos, parroquiales y sociales.
Pero la reconstrucción no se limita a los edificios. Muchas familias continúan afrontando las consecuencias del terremoto: viviendas dañadas, pérdida de empleos o pequeños negocios, incertidumbre y miedo.
«Hablamos de una reconstrucción integral, porque no basta con volver a levantar paredes. Necesitamos recuperar escuelas y espacios educativos, pero también proyectos de vida», señala Adolfo Enrique Romero.
El acompañamiento psicosocial a niños, jóvenes, familias y trabajadores constituye otra de las prioridades de la respuesta salesiana.
«Nuestra misión es permanecer también cuando la emergencia deja de ocupar los titulares», añade el salesiano.
La labor de los Salesianos en Colombia entra ahora en una etapa menos visible, pero fundamental: recuperar espacios seguros, garantizar la continuidad educativa y acompañar a las personas que necesitan reconstruir su vida.
Una tarea que requiere mantener viva la solidaridad, porque, como recuerda Romero, «para muchas familias, la emergencia todavía no ha terminado».
La ayuda continúa siendo necesaria para recuperar no solo los edificios, sino también la seguridad, la dignidad y la esperanza de las comunidades afectadas.











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