Me siento orgullosa

El Rincón de Mamá Margarita

18 febrero 2026

Irune López

Irune López

Me siento profundamente orgullosa al leer que los Salesianos de Argentina han expresado con claridad y valentía su desacuerdo ante la baja de la edad de imputabilidad de los menores, recientemente aprobada en la Cámara de Diputados de su nación.

Me siento orgullosa porque donde parecen prevalecer las respuestas rápidas y punitivas, han alzado la voz apelando a su experiencia cotidiana con los niños, niñas y adolescentes más vulnerables. Queriendo no hablar desde la teoría, sino desde la vida real en barrios, escuelas y obras sociales de todo su país. Y a partir de la experiencia educativa, se reafirman en que la niñez y la juventud no son peligrosas; que ellos “están en peligro y, más que penas, son necesarias oportunidades reales”.

En sus propias palabras, los Salesianos han llamado a “Prevenir educando, educar acompañando” y subrayan que, aunque el delito es una realidad dolorosa, “reducir la edad de imputabilidad no resuelve el problema, más bien profundiza la violencia y la reincidencia”; insistiendo además  en que la educación debe ser “el arte de educar en positivo, donde con el acompañamiento las personas desarrollan su libertad y responsabilidad”.

Me siento orgullosa porque recuerdan algo esencial: que el problema no se resuelve endureciendo penas, sino fortaleciendo la prevención, la educación y las oportunidades. Porque insisten en que los jóvenes no son el origen del problema de la inseguridad, sino muchas veces el resultado de contextos de pobreza, exclusión y abandono.

Y asumen públicamente el compromiso de seguir acompañando a los chicos y a las chicas:

  • «para que tengan una educación que contenga, oriente y prepare para el futuro
  • para garantizar el acceso a espacios comunitarios socioeducativos que ofrezcan pertenencia y les permitan buenos modos de expresión y de relacionamiento
  • para que cuenten con lugares para las artes, los oficios, el deporte y el tiempo librepara escuchar, cuidar y sostener procesos de crecimiento como comunidades de adultos que están a su lado»

Y me siento especialmente orgullosa porque así se esfuerzan en mantener viva la intuición pedagógica de Don Bosco: educar desde el amor, la razón y la fe. Apostar por un sistema «preventivo» que crea en los jóvenes, los acompañe y que confíe en su capacidad de transformación.

Esperemos que esto no sea considerado sólo como una declaración institucional; sino se convierta en un recordatorio de que otra mirada es posible. Una mirada que no criminaliza la infancia vulnerable, sino que la abraza y la educa. Y eso, hoy más que nunca, ha de ser para nosotros un motivo de orgullo.

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