‘Me voici’, 48 veces

20 marzo 2023

‘Me voici’ es la respuesta, en francés, que los catecúmenos dan cuando se les nombra en la ceremonia de la “llamada decisiva”. Se traduce en español por “heme aquí” o “aquí estoy”. Como cada primer domingo de Cuaresma, celebramos en la catedral de Rabat el acto de la “llamada decisiva”. A él acuden todos los catecúmenos de la diócesis que, tras un proceso de formación de al menos tres años, han sido considerados aptos y han decidido dar el paso de recibir el bautismo.

Este año he tenido la satisfacción y el gozo de escuchar 48 veces el ‘me voici’. Algunos no lo dicen: lo proclaman; uno incluso lo gritó; todos lo pronuncian con verdadera devoción y convicción. Como preparación inmediata a este momento, tienen un pequeño retiro de sábado y domingo. Vendrá luego todo el tiempo de Cuaresma, que es de conversión, para ajustar las cosas de manera que la noche de Pascua, en la solemne Vigilia Pascual, reciban el bautismo y la primera comunión. Podrían recibir también la confirmación, pero preferimos darles todavía la oportunidad de un año más de catequesis, específicamente para el sacramento del Espíritu.

La mayoría son jóvenes de entre 20 y 30 años, estudiantes universitarios de diferentes países africanos (ninguno marroquí), pero también hay algunos que ya pasaron esa edad y están en Marruecos como trabajadoras domésticas o en los centros de atención telefónica.

Interés y entusiasmo

Es impresionante cómo estos catecúmenos toman con interés y entusiasmo su proceso de conversión y de formación. No se trata de asistir a tres charlitas… y pasar al bautismo. Se trata de una formación catequética de tres años, a razón de treinta encuentros anuales; se trata de una experiencia de grupo que se hace comunidad; se trata de una iniciación a la oración y a la eucaristía, de la que participan cada domingo; se trata de un cambio en el comportamiento para acercarse cada vez más al modelo del Evangelio; se trata de experimentar el encuentro personal con Cristo, para conocerle, seguirle, imitarle y amarle cada vez más, para identificarse con él de manera que puedan decir con san Pablo: “Vivo, pero no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí”.

Bueno, no es oro todo lo que reluce; también hay fallos y deficiencias, y muchas cosas que mejorar, entre ellas el acompañamiento brindado por los más de treinta y cinco catequistas-acompañadores distribuidos en las diferentes parroquias.

¿No es para dar gracias a Dios?

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