Rodrigones que aman

21 junio 2024

“Per aspera ad astra”[1] fue la famosa frase que llegó a decir Séneca y que ha quedado hasta nuestros días. No obstante, si los jóvenes, incluso no tienen ni idea de quién sea Séneca y tampoco la propia palabra “Séneca” la identifiquen con una persona, mucho menos, algunos no todos, entiendan que a partir del sacrificio se alcanzará el triunfo, el esfuerzo y, sobre todo, la gloria.

Que el microondas, me atrevo a decir, sea el electrodoméstico favorito de muchos jóvenes, -no de todos gracias a Dios-, puesto que fulmina y desintegra a golpe de temporizador la famosa frase del filósofo cordobés “per aspera ad astra”. Ni sacrificio, ni sufrimientos: ¡gloria, gloria inmediata! Y si es permanente incluso mejor.

Los cortos plazos suelen ir acompañados de deseos cortos, que no miran más allá, que dejan ese “plus ultra” o ese “duc in altum” ya no abandonado, si no socavado en un olvido que las nuevas generaciones desconocen. Bastiones perdidos.

Acompañaba hace poco a un joven que empezó sus estudios de la ESO y los dejó. Empezó sus estudios en la Formación Profesional Básica y junto con un buen plan organizado digno de una buena junta asamblearia militar, consiguió esquivar a cualquier adversario y sobre el más remoto silencio como si de una emboscada tratase la película, la abandonó. Bomba de humo, al fin y al cabo. Atrapado por ser el nuevo Adonis, creando amistad con la vigorexia comenzó a ir al gimnasio y “quien lo quiere celeste, que le cueste”, por lo que lo dejó. Comenzó un curso de peluquería en una academia privada: ¡su gran sueño, bendito sea Dios, se ha cumplido! Tras ayudas económicas, máquinas, transportes, sacrificios y casuales enfermedades (siempre todas ellas juntas como si de una cadena motora se tratase – dicen que las desgracias vienen todas juntas-) dejó de ir. ¿Casualidad, verdad? Y así con un sinfín de situaciones.

Cierto es que hubo una cosa que no dejó en aquel momento: el infinito, alucinógeno y ficticio maravilloso mundo del cannabis y del hachís. ¡Cómo iba a dejar ese mundo! Evadirse de una realidad que grita sacrificio y esfuerzo para alcanzar el triunfo cuando por consumir unos cochinos gramos se puede alcanzar sin esfuerzo alguno una especie de visión y sentimiento de ser el rey del mambo. ¡Cómo iba a dejar ese mundo!

¡Ser el rey! El que todo lo puede, el que a todos le ríen las gracias. Y mientras el aumento de las pupilas se ensancha y el hondo vacío interno también, lo que más disminuye es ese “…ad astra”, porque sacrifico sí que hay, hay un sendero: el de la amargura. Confianzas truncadas de aquellos que acompañan a los jóvenes que van matando sus neuronas y que su estructura de vida se ve apisonada por cada calada. Pruebas de sudor, orina e incluso de sangre que dan positivo cuando la palabra niega la realidad. ¡Bendita palabra que no siempre es cierta y verdadera!

Esta última situación ha ido rondando en mi oración, pensamientos, meditación y en mi rutina los últimos meses. Como yo, tantos otros hermanos y, sobre todo, especialistas ven en su día a día y se enfrentan a ella. Casos salvables y casos insalvables que ya están con nuestro Padre Dios nos interrogan diariamente sobre el sufrimiento, sobre un camino que no ha terminado en la gloria de la superación, aunque sí muchos en la gloria del Padre.

Orgulloso, podríamos decir todos de que muchas plantas para que crezcan rectas necesitan de su rodrigón con el fin de tutorizarla y acompañarla desde la sana libertad de poder crecer. Crecer bien, claro. No es crear al discípulo a nuestro gusto, sino quitarle las capas que la sociedad ha conseguido hacerle creer como protectoras y satisfactorias a golpe de microondas, sin saber de verdad que los mejores platos suelen cocinarse a fuego lento. El “Hic et nunc” (“Aquí y ahora”) no va con estos jóvenes. La realidad no es así, la realidad es paso dado con firmeza, con una mirada al frente e ir hacia atrás no es necesario ni para tomar impulso.

Pedir ayuda, verse y vernos necesitados del otro es el mejor baluarte en el que todo joven puede estar a salvo, puede salvar su vida cuando ese último rayo esperanzador cual sepulcro rodado hace eco de un mensaje de auxilio: “lo estoy pasando muy mal con lo de los porros, me pica, pero estoy aguantado como un campeón, me importa más tu amistad que los porros”. Solo el amor es capaz de salvar.

[1] «A través del esfuerzo, el triunfo», «Por el sendero áspero, a las estrellas», «Por las rudezas del camino, hacia las estrellas» o «Hacia las estrellas a través de las dificultades».

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