Súper ocupados y… desordenados

El Rincón de Mamá Margarita

5 octubre 2022

Hay una expresión que me sorprende escuchar cada vez en más jóvenes e incluso niños: “no me da la vida”. Llenamos el tiempo con tantas actividades, dando a todas la misma importancia, que nos encontramos con un calendario que nos supera solo con leerlo, y ya no te digo nada para cumplirlo.

Si solución de continuidad saltamos, o les hacemos saltar, de una actividad a otra. Sin pausa, sin criterio a veces. Porque todos tienen que estar en todos, porque no pueden dejar de hacer esto, porque es bueno para su futuro, porque desarrollan todas las capacidades…o las agotan. Y en ese ir y venir de un lugar a otro, “se les escapa la vida”.

Llega un día que de tanto saltar de una actividad a otra, tienen que dejar de hacer una de ellas, pero no dejarla y no seguir… “Hoy no voy a entrenar, mañana tengo examen. El próximo día estoy ahí, dándolo todo”. Solo la dejan momentáneamente para salvar la papeleta del día siguiente: en un examen, en una prueba de inglés, en un campeonato…y, ocurre, que los resultados no son los esperados en ninguna de las miles de actividades en las que están metidos.

Aparece entonces la propuesta “tienes que establecer prioridades”. ¿Qué significa establecer prioridades? Dejar algunas de esas actividades y que en lugar de mil sean cien. Podría ser, porque hay veces que no hay días en el mes para tanto.

Pero yo tengo una opción que me funciona ahora ya con un puñado de años, pero también me funcionaba cuando tenía 12, 18, 20, 30 y más de 40: Vivir con orden. Y no por eso ser aburrida. El orden me ha permitido poder hacer todo aquello que me he propuesto, ha conseguido que mi cabeza se haya amueblado en condiciones, que mi corazón no viva con ansiedad, que haya evitado pronunciar esa frase: “no me da la vida”.

“¡Que fácil decirlo, Marian, desde tu madurez!”. Todo es un proceso, un aprendizaje, y es posible. No debemos olvidar que tenemos que cultivar todas nuestras dimensiones: la física, la intelectual, la espiritual, la social. Seguramente seremos más hábiles en unas que en otras, pero ejercitar algo en cada una de ellas nos va a permitir vivir en ese orden.

Siempre con un cuaderno, agenda o dispositivo electrónico en el que escribir qué tengo que hacer: cada año, cada mes, cada semana, cada día. Qué quiero hacer.

Para algunas cosas marcando objetivos amplios anuales, que se dividen en objetivos más concretos: mensuales, trimestrales, “por evaluación”, “por campeonato”; que se concretan en actividades semanales y acciones diarias.

Para hacerlo así es muy útil ver cómo se han organizado siempre nuestras madres (y también algunos padres). Las que siempre decimos que hacen varias cosas a la vez. Nooo…eso es un mito. Las hacen de forma ordenada, con objetivos, una detrás de otra y a veces entrelazadas.

Podemos estar súper ocupados, pero no sentir que se nos escapa la vida sin vivirla. No es aburrido establecer un orden, conseguimos llegar a muchas más cosas de las que creemos que somos capaces y creamos momentos absolutamente especiales.

Llegar al final del día y agradecer lo vivido. Cerrar un examen con la sensación del trabajo bien hecho. O finalizar el entrenamiento con el cuerpo y la mente oxigenados. Poder reír con la familia y los amigos. Sin agobios, sin ansiedad, con todo el aire dentro cuando haga falta, para sacarlo en el momento oportuno. Con toda la vida entregada que no consumida.

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