Todos somos raros

4 diciembre 2022

Acostumbrados como estamos a criticar a los otros y a juzgar los defectos del otro y no a nosotros, vemos a los demás como “bichos raros”. ¿Es que el raro va a ser que soy yo? Sí, señor eres tú… y todos nosotros. No te asustes, eso es totalmente normal y, quizás, de distinción.

Israel siempre fue calificado como un pueblo raro desde la antigüedad hasta nuestros días. La rareza de sus tradiciones, lo peculiar de su idiosincrasia, lo particular de su identidad cultural y religiosa… Un pequeño pueblo con sus rarezas, de gran relevancia en el mundo de la cultura, de la religión, de la ciencia y del arte.

En el mundo de la pintura es bastante conocida la fobia que tenía el monarca español Felipe II (1527-1598) a la obra del cretense-veneciano-español Doménico Theotocópuli (1541-1614) “el Greco”, cuyos cuadros detestaba por su rareza y deformidad. Tuvieron que pasar muchos años hasta que fuese reconocido en su destreza artística. Sólo en el siglo XIX un grupo de pintores consiguió recuperar sus obras que se encontraban olvidadas en iglesias toledanas abandonadas y tragando polvo. Hoy día es considerado, por algunos, como un personaje «exótico, teólogo, inteligente, intelectual, agudo, irónico, melancólico, introvertido, altanero, de humor intransigente y atrabiliario, rebelde, arbitrario».

En 1845, Juan Bosco (1815-1888), joven sacerdote cuando comenzaba su labor con los jóvenes pobres con sus escuelitas nocturnas, muchas personas reaccionaron de forma negativa considerándolo un “cura raro”. Incluso fue considerado un “loco” al querer promover y atender a la chiquillería pobre y desharrapada de Turín, ofreciendo un nuevo modelo de sacerdote volcado hacia los jóvenes más que a la “dignidad” sacerdotal. Fueron estas habladurías tan extendidas que hasta dos “teólogos amigos” fueron a su casa con una carroza para internarlo en el manicomio.

Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento, 1867-1915) el gran poeta nicaragüense, que cinceló el castellano en versos de gran hondura y sentimiento, escribió el libro de “Los raros”, publicado en 1896, en el que recopiló una serie de semblanzas de autores apreciados por el poeta, sobre todo del simbolismo francés, a los que admiraba y quería dar a conocer. Aquí los raros son los admirados.

Alan Turing (1912-1954), matemático, lógico, informático teórico, criptógrafo, filósofo y biólogo teórico británico. Es considerado uno de los padres de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna. Hoy reconocido mundialmente, cuya condición de “rarito” (era homosexual y de carácter peculiar) le valió la cárcel y la castración química. Extraño premio por contribuir a la salvación de miles de personas durante la Segunda Guerra Mundial y su enorme aportación a los esfuerzos aliados para derrotar y contener el peligro nazi.

Sigmud Freud (1856-1939), gran médico psiquiatra que revolucionó las teorías existentes sobre la mente humana, estaba lleno de rarezas en su forma de ser y de comportarse. Sentía un miedo inexplicable por el número 62 y todas las combinaciones posibles de estos dos números. Nunca se alojaba en una habitación de hotel con ese número o en hoteles que tuvieran más de 62 habitaciones. Igualmente estaba obsesionado por los números 23 y 28. Almorzaba todos los días a la 1 en punto. Era un fumador compulsivo, quizás, esa fue la causa por la que desarrolló un agresivo cáncer de garganta del que murió. Una rareza más del psicoanalista era que solo tenía tres trajes, tres mudas de ropa interior y tres pares de zapatos. Adoraba a los perros y tuvo una mascota a quien llamó Topsy. Era poco afecto a las fiestas y a las reuniones; sin embargo, se encontraba frecuentemente con un cercano círculo de amigos en el café Landtmann, deViena y, propio de sus rarezas, se sentaba allí siempre en el mismo lugar.
En la misma Biblia, llena de personajes “raros” (Abraham, Rut, Judas…), nos encontramos a Zaqueo en Jericó. Publicano, mal considerado socialmente, rico y bajo de estatura. Un bicho raro en la ciudad, sin duda alguna, pero Jesús lo llamó por su nombre, se hospedó en su casa y el raro se convirtió llenando su casa de alegría y de salvación. ¿Es que, acaso, Jesús vino para los raros? Se me antoja pensar que los raros son importantes, muy importantes, diría yo.

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