VEJER (CON SALESIANOS CÁDIZ) LA FORMACIÓN PROFESIONAL PIONERA

De andar y pensar   |   Paco de Coro

27 marzo 2024

  1. Milagro

San Juan Bosco no tiene límites.

Es un santo de naturaleza eufórica.

Eso lo sabían, sobre todo, quienes vivían en Valdocco con él,

o lo conocían “por el boca a boca” en el todo Turín.

Tenía y tiene algo de punto de partida y de meta a la vez.

Suceden cosas fabulosas en su entorno

y otras muy normales, pintorescas o paranormales.

De la gloria al absurdo.

Lo sorprendente es la pieza clave en sus obras,

porque muestra las cicatrices del dolor de la incomprensión

y la devastación del paso del tiempo.

Decir Don Bosco hoy es decir la palabra milagro.

Los días de Difuntos el santo llevaba a sus chicos

a visitar el cementerio y rezar

–es bueno, saludable y piadoso rezar por los difuntos–.

En una ocasión les prometió para la vuelta a casa

castañas cocidas.

Y compró tres grandes sacos.

Pero su madre, al no entender bien, coció tan solo tres o cuatro kilos.

La tropa de chicos vuelve del cementerio hambrienta.

El alboroto crece, se dilata, se contagia.

Don Bosco reparte castañas con un gran cucharón, renecido.

– ¡Así no! ¡Así no! –grita Buzzetti el “administrador”.

– ¡No hay para todos! ¡Así no!

– ¡Sólo éstas, sólo éstas! Y señala el cuenco de sus manos.

Es lo que toca, el de asistir a la justificación de los malentendidos

a destiempo.

Don Bosco sigue entregando un cazo bien lleno a cada uno.

La fila de los muchachos se acrecienta, se alarga.

– Yo les he prometido a todos. A todos, Giuseppe.

Sigamos así mientras halla.

Se crea una sensación de resistencia.

Conectados al cesto de castañas que no se ve vacía nunca,

centenares de ojos desencajados, no pueden disimilar

su estupor.

Los chicos se acumulan en desbandada hacia ningún lugar,

sin huir del lugar y del momento.

Y hubo para todos.

Salta el arponeo de emociones desembocadas.

Los chicos de Valdocco, con las manos llenas de castañas,

gritan: ¡Don Bosco es un santo!

El milagro sería no tener que invocar ningún milagro.

 

  1. Conciencia

Amigo Antonio: “Ojalá pudiera escribir como canta Camarón, pero…”.

En la generosa sarta de memeces propiciada

alrededor del debate sobre cómo hacer flotar hoy

al mismo nivel

la FP y la no FP,

gana como siempre el sentido común y la economía.

De modo muy significativo

quiero traerte aquí la PREHISTORIA de “Salesianos Cádiz”.

Echa cuentas, oye. Hay que saltar del aquelarre de 1898.

“El 98”, a la esperanza de los chicos de la calle.

Lo que nunca he escuchado es la palabra “milagro”.

El milagro de Ernesto Oberti, el salesiano.

El milagro de Ana de Viya, la dama bienhechora.

El milagro de Félix Soto y Mancera, el canónigo.

El milagro de Vicente Calvo Valera, el obispo.

Hubo una pedagogía de lo sobrenatural peligrosa

en este momento.

Si estábamos mejor era porque sabíamos lo que costaba vivir

arriesgando.

Y don Vicente Calvo quiso poner al día los centros educativos

de Cádiz, contando con los religiosos educadores.

Acomete la reforma del colegio San Bartolomé para las chicas

en 1890.

Entrega el colegio de la Mirandilla a los Hermanos de la

Doctrina Cristiana, en 1891.

Reforma el colegio de San Felipe, fundado en 1838,

confiándoselo a los Marianistas, que se hallaban instalados ya

en la ciudad, en una casa de la calle Benjumeda 111.

Y don Ernesto Oberti –el santazo salesiano–

que sonaba a bulerías, a olivares perdidos, a pasacalle,

y a Utrera, Málaga y Valverde del Camino,

como un zíngaro discreto –ángel delgadito y calvo–

andaba por Cádiz con la existencia a media luz.

Quiero decir: más hacia dentro que hacia fuera.

A eso no le diría milagro, sino conciencia.

Y cuando se aplica suele dar resultados.

 

  1. FP para todos

Vamos a ver.

En momentos tan brutos como “los del 98”,

las sutilezas pueden ser una trampa o una crueldad.

No sé. La verdad.

El problema de los milagros

es que exigen de una enorme dosis de ingenuidad.

Y no conviene echar a volar entusiasmos

prematuros, inflados, caedizos, al fin,

cuando el presente tenía los techos menguados:

Guerras coloniales

Guerras cantonales

Guerras carlistas.

El hecho es que doña Aña de Viya se trabaja su personaje,

como protagonista de la época

hasta darnos las asombrosas limosnas en reales vellón oro

para la reconstrucción del seminario,

la confección de la custodia de la catedral,

y las preocupaciones concretas: morales, políticas y sociales

de la mano, audaz y comprometida, del

papa León XIII, en su encíclica Rerum Novarum

del 15 de mayo de 1891.

Y doña Ana de Viya propicia –intuitiva y previsora–

una salida a los chicos del campo, de los barrios de Cádiz,

de las clases populares.

¿Beneficencia paternalista? Bueno y qué.

¿Podía ser de otra manera?

Frente al energumenismo de la guerra o de la revolución,

más o menos solapada,

Doña Ana junto a Oberti

levantaban el energumenismo bondadoso de la vida

en la escuela, con una salida profesional.

A una formación profesional, una salida profesional.

Originalidad de un ser tan original como doña Ana.

Originalidad de un ser tan original como don Ernesto Oberti.

Originalidad de un ser tan original como San Juan Bosco.

– “Yo les he prometido a todos. A todos, Giuseppe”.

¡Castañas para todos, Giuseppe!

Salida profesional para todos, don Antonio.

 

  1. Buen camino

Por su parte, el canónigo Félix Soto y Mancera,

que después será obispo de Badajoz, conocía Salesianos Utrera,

casi, casi, como así mismo y, sobre todo, a Ernesto Oberti.

Soto exploraba y exploraba

los buenos sentimientos de doña Ana,

que seguía ardiendo en todas direcciones.

Con aliviar la bancarrota humana, social y educativa

de la comarca de Cádiz

ya tendría algo que celebrar.

Pero no llamemos aún milagro a lo que sólo es camino,

buen camino,

magnífica autopista con el tiempo.

La euforia es gasolina del milagro,

pero no necesariamente te pone a salvo.

Y los dos se pusieron en camino,

y se fueron a Turín a visitar a Don Bosco,

entre los años de 1886 y 1887, para solicitarle

“que los salesianos abriesen una de sus casas en Cádiz,

no obstante las dificultades que se planteaban,

como la falta de personal, las dificultades idiomáticas

y las dificultades internacionales para cualquier

fundación extranjera”.

La apertura de Salesianos Cádiz fue aceptada en 1901.

El 10 de octubre de 1904 se iniciaban las clases para los alumnos externos.

El 29 de enero de 1905 se impartían por primera vez las clases dirigidas

a 40 trabajadores del barrio, en horario de ocho a diez de la noche.

La imagen del “milagro de las castañas” de 1905

será la inauguración, llena, multiplicativa de los

talleres de formación profesional:

“carpintería, sastrería y zapatería,

que después se ampliaron con los de encuadernación

e imprenta”.

A cada cual Salesianos Cádiz le recuerda algo en la vida,

pero el 29 de enero, desde 1905, a muchos les recuerda un tiempo

común. Un tiempo de veinticuatro horas con golpes de martillo pilón,

que son la medida exacta de la nostalgia y la esperanza.

La incomparable puesta en marcha de la FP, en los salesianos,

el zarandeo insólito de máquinas y muchachos.

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