Vivir dando gracias

Aprendiendo a Vivir

20 junio 2024

Abel Domínguez

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¿Cómo vivir una vida cristiana sin agobios? Una sencilla forma de empezar a cambiar nuestra vida es incorporar en nuestro día a día la palabra “gracias”.

A veces pensamos que nuestra vida cristiana es una forma de vida en la que cumplimos ciertos mandamientos, ritos y costumbres, y que al final nos llegará un premio. ¡Qué equivocados estamos! Vivir así la vida cristiana puede causarnos agobio, ya que por mucho que hagamos siempre descubriremos que no hemos hecho suficiente o que no todo lo que hacemos es perfecto.

Si Jesús deja algo claro a sus discípulos es que él no ha venido para agobiar a nadie, sino más bien para liberar de cargas y actitudes tóxicas. ¿Cómo vivir entonces nosotros una vida cristiana sin agobios? Pues una sencilla forma de empezar a cambiar nuestro enfoque es incorporar en nuestro día a día la palabra “gracias”. La importancia de ser agradecidos es algo que puede cambiar nuestra vida de muchas maneras.

Ser agradecidos

En primer lugar, porque nos empuja a reconocer la bondad y belleza que nos rodea. Vivimos en un mundo lleno de cosas maravillosas. A veces, estamos tan ocupados que no nos damos cuenta de todo lo bueno que hay a nuestro alrededor. Tomar un momento para apreciar un amanecer, el canto de los pájaros, o el cariño o las cualidades de las personas que nos rodean y nos aman puede llenarnos de alegría. La naturaleza nos ofrece un sinfín de razones para estar agradecidos. También podemos reconocer la bondad en las pequeñas cosas del día a día, como una sonrisa amable, una palabra de aliento, o una comida deliciosa. Cuando nos detenemos a notar estas cosas, nuestra perspectiva cambia y empezamos a ver la vida con más optimismo y menos agobio.

También están las personas que nos acompañan en la vida. Agradecer a nuestra familia por su apoyo, a nuestros amigos por su compañía, a los compañeros de trabajo por la colaboración y a los maestros por su guía, mejora nuestras relaciones. Decir “gracias” no solo es una cuestión de educación, sino que también demuestra aprecio y amor. Además, cuando mostramos gratitud, inspiramos a los demás a ser agradecidos también. Un simple “gracias” puede iluminar el día de alguien y crear un ambiente positivo en nuestra comunidad.

Y, sin duda, agradecer a Dios por tanto regalo que recibimos cada día puede darnos una profunda sensación de paz y confianza. Ya sea a través de la oración, la meditación, o simplemente reflexionando sobre nuestras experiencias, reconocer la presencia de algo más grande que nosotros nos ayuda a poner las experiencias a la luz de la fe. La gratitud hacia Dios nos recuerda que no estamos solos y que siempre hay algo por lo que agradecer, incluso en los momentos difíciles. Dar gracias a Dios no nos quitará los problemas, pero sí cambiará nuestra manera de afrontarlos.

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