Durante la tarde del 25 de marzo tuvo lugar en la presencia salesiana de Jesús Obrero un momento profundamente significativo con la visita de Álvaro Moreno, empresario andaluz conocido por su marca de ropa, pero, sobre todo, por su testimonio de vida, su compromiso social y su fe sencilla y profunda.
El encuentro fue posible gracias a la mediación de Monseñor José Ángel Saiz Meneses, obispo de Sevilla, que comentó sobre el trabajo realizado en las Tres mil viviendas. “Álvaro quiso acercarse a nuestra presencia salesiana en el Polígono Sur de Sevilla para conocer de primera mano el trabajo educativo, pastoral y social que realizamos en este entorno”, compartían sobre un encuentro en el que estuvo acompañado por el director y párroco, Sergio Codera, con el que recorrió la parroquia, el centro juvenil y varios proyectos de la Fundación Don Bosco, como el taller de corte y confección, muy ligado a su propio recorrido profesional.
La jornada culminó con la celebración de la Eucaristía, compartida con la comunidad, y un paseo por el barrio que le permitió palpar la realidad de las familias, y el espíritu de entrega que anima a quienes forman parte de esta casa salesiana.
Más allá del itinerario, lo que marcó la diferencia fue el encuentro humano. Su cercanía, sencillez y escucha dejaron huella en todos. Algunos miembros de la comunidad reconocieron con emoción la hondura de su testimonio cristiano, y valoraron la coherencia entre su vida personal, su fe y su labor empresarial.
Álvaro ha mostrado en múltiples ocasiones que su visión del mundo empresarial está profundamente enraizada en los valores del Evangelio. Desde iniciativas como “Tiendas con Alma”, que promueve la inclusión laboral de personas con síndrome de Down, hasta su proyecto para abrir un taller textil en el barrio sevillano de Los Pajaritos junto a la Hermandad del Gran Poder, su trayectoria refleja un compromiso firme con la dignidad humana y la justicia social.
”Su visita nos recordó que la fe no se vive solo en lo íntimo, sino que se traduce en gestos concretos, en opciones de vida, en una mirada compasiva hacia quienes más lo necesitan. Nos dejó una estela de esperanza y comunión que sigue viva en los ecos del día siguiente: en la oración de la mañana, en los comentarios compartidos con alegría, en la gratitud que brota del corazón”, explicaban.
”En Jesús Obrero, como nos enseñó Don Bosco, creemos que la santidad es también alegría, entrega y testimonio cotidiano. Gracias, Álvaro, por acercarte con humildad y generosidad. Nuestra casa es también la tuya. Y como decimos siempre: seguimos en contacto, rezamos unos por otros”.
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