Cuántos de nosotros habremos visto o leído Lo que el viento se llevó. Cómo olvidar a ese Clark Gable y a esa Vivien Leigh en todo su esplendor. Además de “A Dios pongo por testigo, que nunca volveré a pasar hambre”, no sé si recordaréis otra frase muy de Escarlata O’Hara. Cuando le pasaba algo (Que a la pobre le pasaba de todo), se decía a sí misma: “Ya lo pensaré mañana”. Pues yo hoy quiero reivindicar esa frase.
A primera vista igual puede parecernos una forma de esconder la cabeza, al estilo avestruz. Pero, si lo pensamos bien, encierra toda una sabiduría. Nos puede ayudar un montón en nuestro día a día.
Recapacitar para el mañana
“Ya lo pensaré mañana” no tiene por qué ser huir o no querer mirar de frente lo que nos pasa, sino reconocer que en este momento estamos alterados y nos va a ser difícil pensar con claridad y tomar buenas decisiones. Igual estamos cansados, muy enfadados, la cosa es muy gorda o nos sentimos tan saturados que es la gota que colma el vaso.
Aunque la situación o el golpe sean duros, mejor resetear. Quitarlo de la cabeza en este momento, no permitirse pensar en ello. Pensar en otra cosa, ocupar el tiempo y volver a planteárnoslo mañana. Seguro ya que lo vemos diferente. Al menos con la mente más tranquila y entonces, muchas veces, surge un plan B… o C… o D.
A veces nos cuesta aceptar que no necesitamos resolverlo todo hoy, que lo más inteligente es dejarlo estar: parar, respirar y dejar reposar.
Parar antes de reaccionar o decidir. Desconectar el cerebro y las emociones. Darnos un tiempo. Dormirlo. Cuántas preocupaciones se ven distintas al día siguiente. Casi todas. Desde la fe, además, sabemos que no todo depende de nosotros. A veces “dejarlo para mañana” también es una forma sencilla de poner el problema en manos de Dios y confiar en que la luz llegará. Confiar. Intentar relajarnos, soltar lo que no controlamos y hacer lo que vemos que está en nuestra mano.
“Ya lo pensaré mañana” no es desentenderse, sino darnos ese tiempo de respiro que nos vuelve a la serenidad. Porque, al final, casi todo se afronta mejor cuando el corazón y el cerebro están en paz. Así que, ya sabéis: A lo Escarlata O’Hara. Mañana será otro día.
Lo mismo opina Rosana, la cantante. Os animo a escuchar su canción titulada “Mañana”.




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