Hace unos días el cardenal de Madrid explicaba que el lema quiere invitar a toda la sociedad a salir de las miradas cortas, del enfrentamiento continuo y de esa polarización que tantas veces condiciona nuestra convivencia. Y, desde la perspectiva creyente, recordarnos también que más allá de lo inmediato existe una pregunta por el sentido, por la esperanza y por el futuro. Los cristianos sabemos que esa respuesta la encontramos en el Evangelio.
Me han llamado especialmente la atención los spots publicitarios preparados para la visita. En ellos aparecen personas reales que reconocen que, probablemente, nunca habrían imaginado ser amigas de alguien con ideas muy distintas a las suyas. Sin embargo, descubren que ya conviven, trabajan o comparten vida con personas que piensan diferente. El mensaje es sencillo, pero profundamente necesario: el otro no es un enemigo. Quizá hoy solo la Iglesia puede lanzar una campaña así y resultar creíble.
Vivimos un tiempo marcado por el desapego hacia la política, por el desgaste institucional y por un clima social crispado. Difícilmente un ministerio, una administración pública o un partido político podrían convocar a “alzar la mirada” y a tender puentes sin que el mensaje se interpretara desde categorías ideológicas. La Iglesia, con todos sus defectos y contradicciones -que los tiene-, sigue siendo uno de los pocos espacios capaces de reunir a personas muy distintas y recordar que convivir no significa pensar todos igual.
Y esta visita lo está demostrando también de manera muy concreta. Resulta impresionante la capacidad de movilización que sigue teniendo la Iglesia. En apenas unos meses se han organizado más de 20.000 voluntarios, iniciativas solidarias, encuentros culturales y celebraciones multitudinarias. Solo desde el ámbito salesiano participarán más de 1.200 jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano en los actos centrales de Madrid, junto con centenares de voluntarios, educadores y familias. Casas salesianas abrirán además sus puertas para acoger a otros cerca de 1.300 peregrinos llegados de distintos lugares de España.
Pero, lo importante es lo que hay detrás. Jóvenes que se entusiasman cuando se les proponen metas altas, ideales profundos. Ahí está la Iglesia, que con la visita de León XIV quiere decirnos que necesitamos volver a levantar la mirada. Y seguro que, entonces, nos sentiremos mirados por Aquel que se proclamó el camino, la verdad y la vida.




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