La propuesta tiene un impacto muy claro: formación agroecológica, mejora de huertos y educación ambiental. Se busca fortalecer las oportunidades económicas de la comunidad y las capacidades de cuidar la tierra frente al cambio climático, además de mejorar la alimentación de las familias y acompañar procesos de autonomía liderados por mujeres y jóvenes de la comunidad. En total, el proyecto implica directamente a 60 mujeres y 40 jóvenes, además del alumnado y personal docente de los centros educativos participantes, de la región de Tambacounda.
El camino comenzó en diciembre con unas jornadas de convivencia entre las personas participantes: fue un primer espacio para encontrarse, organizarse y recibir los materiales necesarios para poner en marcha el trabajo en los huertos agroecológicos. Desde entonces, mujeres y jóvenes están fortaleciendo sus conocimientos en técnicas de horticultura sostenible, a través de la formación que reciben y convirtiéndose, al mismo tiempo, en transmisores de esos saberes dentro de su comunidad.
Sensibilizando sobre el cuidado de la Casa Común
Una de las actividades más significativas se está desarrollando en cinco centros educativos de la región de Tambacounda. Allí, el personal técnico del proyecto, junto con mujeres y jóvenes en formación, están sensibilizando al alumnado sobre el respeto al medio ambiente, la gestión sostenible de los recursos naturales y el cuidado de la tierra.
En cada centro se están creando comités de gestión ambiental, formados por alumnado y personal docente. Estos grupos reciben formación sobre cuidado de huertos, prácticas ecológicas y plantación de árboles, para después compartir lo aprendido con el resto de la comunidad educativa. Así, el conocimiento no se queda en una sola aula: se multiplica, se comparte y se convierte en una cadena de cuidados.
Tambacounda es una región con gran potencial agrícola, pero también afronta desafíos relacionados con la degradación del suelo, la escasez de agua y la variabilidad climática. Ante esta realidad, la iniciativa responde a necesidades identificadas junto a mujeres y jóvenes de la zona, como la mejora de la alimentación, la formación agroecológica, el fortalecimiento de la autonomía económica y la creación de oportunidades para la juventud, para que no se vea forzada a migrar de su tierra.
En Tambacounda, cada árbol plantado, cada huerto cuidado y cada aprendizaje compartido hablan de futuro, porque cuando una joven aprende nuevas técnicas de cultivo, o cuando una mujer fortalece su autonomía o cuando un grupo de estudiantes descubre que cuidar la tierra es cuidar la vida, toda la comunidad avanza.
«Bosco Global seguirá acompañando este proceso junto a las comunidades de Tambacounda, convencida de que la agroecología puede alimentar mucho más que la tierra: también puede alimentar cambios, oportunidades y esperanza», explican desde la entidad.











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