La fotografía expone una escultura de apariencia serena vertical, iluminada con una luz frontal que revela la suavidad de sus volúmenes y la pureza de sus líneas. Estas formas pertenecen a una imagen de María Auxiliadora estilizada que sostiene al Niño Jesús en un gesto íntimo que combina ternura y solemnidad. La corona y el cetro —atributos regios de la advocación— emergen con discreción, integrados en un lenguaje formal que evita el exceso y apuesta por la esencia. El rostro, apenas insinuado, transmite una calma profunda, mientras el Niño se recoge hacia el pecho de la Madre, reforzando la lectura de amparo y cercanía. El fondo oscuro, neutro, concentra la mirada en la escultura y convierte la escena en un diálogo visual entre luz, forma y devoción.
Este tratamiento formal responde plenamente al estilo del escultor Esparís, uno de los artistas del arte religioso andaluz del siglo XX. Su obra se caracteriza por la simplificación geométrica, la depuración de los rasgos y la búsqueda de una espiritualidad moderna. Pero en este caso, la pieza adquiere un significado aún más profundo por la estrecha relación que Espáriz mantuvo con los Salesianos. Durante décadas, el escultor colaboró con diversas casas salesianas de Andalucía, realizando imágenes, relieves y elementos devocionales destinados a colegios, capillas y espacios comunitarios. Su sensibilidad estética —sobria, humanista y profundamente espiritual— encajó de forma natural con el carisma salesiano, especialmente con la iconografía de María Auxiliadora, figura central en la identidad de la Congregación. En esta obra, Espáris no renuncia a los símbolos tradicionales, pero los integra en un lenguaje contemporáneo que refleja la renovación artística y pastoral del posconcilio.
La fotografía pertenece a un reportaje realizado por José Luis Mena en Sevilla durante el mes de diciembre de 1968, un periodo en el que el fotógrafo salesiano desarrolló una intensa labor documental en colegios, templos y obras salesianas. Su mirada, precisa y respetuosa, convierte la escultura en un retrato: no solo registra la obra, sino que la interpreta. La iluminación, el encuadre y la ausencia de elementos de distracción revelan una intención clara: destacar la fuerza espiritual de la pieza y preservar su presencia institucional.
En la conjunción entre la sensibilidad escultórica de Espáriz y la mirada documental de Mena se produce algo más que una simple imagen. Surge un testimonio que nos habla de la identidad salesiana, de la devoción a María Auxiliadora y de la voluntad de conservar, a través de la fotografía, aquello que formaba parte de la vida cotidiana de una comunidad. Esta imagen no solo muestra una escultura: recupera un momento, un estilo y una forma de entender la fe y el arte en aquellos años.
Hoy, esta fotografía es memoria viva. Un fragmento de historia que nos permite volver a mirar —con la misma serenidad que transmite la obra— el patrimonio que ha acompañado a generaciones de salesianos y educadores.
DATOS IMAGEN:
Original película negativa fotográfica n. 27 a 29 (1968)
Fondo fotográfico José Luis Mena. Archivo histórico editorial CCS
CENTRO PATRIMONIO SALESIANO SSM




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