Estaba ojeando las redes ayer y me salió una frase de Carlos G. Almonacid: “Toda la vida es ahora”. Y pensé: “¡Jolín, siempre tengo la mala suerte de encontrarme este tipo de frases justo cuando estoy pensando en todo lo que haré… mañana!”.
Después de las vacaciones volvemos a sacar la agenda, los horarios, las reuniones, las extraescolares, la compra, los grupos de WhatsApp que misteriosamente reviven tras el verano… Y, en pocos días, pasamos del “ya veremos” al “no me da la vida”. Y, sin darnos cuenta, empezamos a vivir en el siguiente rato en lugar de en este.
Cuando haya tiempo
Septiembre supone volver a empezar. Tiene esa extraña capacidad de hacernos creer que todo cabe en una semana. Queremos aprender idiomas, retomar el deporte, apuntar a los hijos a todo tipo de actividades, cuidar la alimentación, quedar con los amigos, responder a todos los correos… Y, antes de que la agenda empiece a llenarse, igual conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿Qué no puede quedarse fuera?
Porque elegir también consiste en renunciar, y sería una pena que, entre tantas “obligaciones”, acabemos dejando para “cuando haya tiempo” precisamente lo que más puede alimentar nuestra vida: El descanso, el juego, el cuidado de uno, el servicio a los demás y la vida interior. Si una de esas dimensiones desaparece de la agenda durante demasiado tiempo, antes o después terminamos notándolo. Quizá por eso merezca la pena revisar en qué vamos a emplear este curso nuestros “ahoras”.
Emily Dickinson escribió que “el para siempre está compuesto de “ahoras”, también los que hemos de reservar para quienes son nuestros “para siempre”, nuestra pareja, hijos, padres, familia, amigos y para Él, el más grande de todos.
Y no se trata de hacer más, sino quizá al revés; de quizá reducir para aumentar la calidad. De no vivir tanto sino vivir todo mejor. De escuchar sin mirar el móvil. De alargar cinco minutos una conversación. De rezar sin prisas. Porque, como también dijo Corita Kent, “La vida es una sucesión de momentos; vivir cada uno de ellos es triunfar”.
Y es que “El presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad”, como escribió C. S. Lewis. ¿Qué nos dijo Don Bosco? “Os quiero felices aquí y en la eternidad”. Así que ¡atentos! La felicidad del mañana empieza siempre en el ahora.
Y por eso os invito a pensar cuáles van a ser mis “ahoras” en este curso. No se nos olvide elegir y cuidarlos, porque ahí es donde iremos construyendo nuestros “parasiempres”.




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