Asombro, comunidad y agradecimiento
Es el paso hacia algo definitivo donde reconocemos su voluntad que es renovar en Cristo y para siempre su alianza de Amor con nosotros. Tras echar la vista atrás y recordar lo vivido a lo largo de la cuaresma, conservando todavía reciente en la memoria la muerte y la cruz de Jesús, hoy el anuncio del ángel a las mujeres que van al sepulcro inaugura para ellas, y para nosotros, una forma nueva forma de mirar, sostenida en la esperanza y en la alegría: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis». «Alegraos». «No temáis».
¡Cuánta novedad en unas pocas palabras! El asombro se apoderó del corazón de aquellas mujeres. Aquello no se parecía a nada de lo que habían vivido y experimentado antes. No entraba dentro de su capacidad de entender, pero abría su capacidad de creer, su fe, afirma Fernando Miranda, inspector de Salesianos María Auxiliadora, en su comunicado a la Familia Salesiana.
También las propias oscuridades que nos acompañan a cada uno y que estamos tan convencidos de que solo podemos superarlas a base de «músculo espiritual propio», de continuos sacrificios, cuando es Dios mismo quien en Cristo Resucitado nos muestra otro camino, la Pascua, explica.
Y continúa, «solo acogiendo y aceptando la cruz de Jesús y la resurrección de Cristo, podremos resucitar. Como lo hace María Magdalena, que no se queda mirando la cruz, sino que, llevada por el amor del Señor, lo busca incluso en su sepulcro, donde reposa su cuerpo y donde ella piensa que solo hay muerte. Y esta buena noticia, en aquellas mujeres, se hace «comunitaria». No van solas al sepulcro: se buscan y se acompañan, se apoyan y se sostienen, como la comunidad de discípulos, ahora todavía rota por la pérdida, anclada en silencios y dudas, en expectativas personales defraudadas, es a la que el Señor quiere volver a hacer fecunda, ahora por la alegría y la fe. La comunidad, una vez más, será el lugar que el Señor elegirá para ser reconocido por sus discípulos. En ella, como las mujeres, también los discípulos lo reconocerán, lo abrazarán y lo adorarán».
Tenemos por delante cincuenta días dejar que el Resucitado mueva con fuerza el corazón de cada uno de nosotros, pero también el de cada comunidad, el de nuestra Familia Salesiana. Que el tiempo de Pascua no sea el tiempo litúrgico que va tras la cuaresma. ¡Es «el tiempo» por excelencia! Aprovechémoslo, dejemos que lo inesperado acontezca y descubramos ahí al Señor amándonos, asombrándonos.
Además, en su comunicado agradecía el trabajo de quienes estos días han preparado, animado y acompañado las diferentes Pascuas Salesianas: Salesianos, seglares y Familia Salesiana. A quienes han acompañado a las comunidades cristianas, y sobre todo a los hermanos salesianos mayores, a vivir la Pascua.
La Resurrección, fuerza viva que cambia la mirada y el corazón
«En este mundo, desorientado por la pérdida del sentido, la confusion moral y el individualismo materialista que atrofia el alma, hay muchas personas que hoy buscan y se sienten necesitadas de Dios. Como en aquella lejana mañana de primavera, el Resucitado quiere salir al encuentro de todas ellas, para que crean en El y se llenen así de paz, perdón y esperanza», afirma Fernando García, inspector de Salesianos Santiago el Mayor.
Hace muchos años, en aquella lejana mañana en los alrededores de Jerusalén donde Jesús había muerto crucificado y mientras los poderosos del mundo eran ajenos a todo ello, mujeres como María Magdalena y hombres como Pedro o como Juan, al encontrase con Jesús, cambiaron para siempre.
Las heridas que habían dejado los remordimientos se sanaron con amor; el miedo y la tristeza que los acompañaban se volvieron valentía; la incertidumbre y los recelos hacia el otro se transformaron en una paz interior como nadie nunca hubiera podido dar.
«Este Domingo de Resurrección el dolor seguirá presente en nuestra sociedad y la incertidumbre que hay en la vida de tantas personas no se borrará por arte de magia. Pero esta mañana, también nosotros podemos cambiar y experimentar un encuentro que nos transforma por dentro como nunca lo hubiéramos pensado, porque su resurrección no es una cosa del pasado sino una fuerza de vida que transforma la mirada y el corazón», continua.
Este mundo necesita creer en Jesús Resucitado aunque salir a su encuentro no sea un «reto viral». Esta sociedad necesita acoger su buena noticia, vivir desde los valores del Evangelio, recuperar la fuerza sanadora de la fe que es capaz de generar, persona a persona, felicidad, generosidad, perdón, compasión, alegría.
Este mundo desorientado necesita creer en su Resurrección y para ello precisa de testigos que la anuncien con sus vidas de forma auténtica y creíble. ¡Feliz Pascua de Resurrección!











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