“Deseo seguir ofreciendo presencia amorosa según las enseñanzas de Jesucristo y Don Bosco”

9 marzo 2023

Xavier Costa

l

Alfred Roca, 89 años, es un misionero que lleva a Etiopía en lo más profundo de su corazón. Ya son casi cuatro décadas compartiendo alegrías y tristezas con sus gentes, especialmente en la región del Tigray.

En una visita por Cataluña, su tierra natal, conversamos con él sobre los dos últimos años de guerra en el norte de Etiopía, con visos de llegar a su fin pronto.

Pregunta.- Los medios de comunicación hablan constantemente de la guerra en Ucrania, pero casi ni una palabra de Etiopía. ¿Cómo te hace sentir esta situación?

Respuesta.- Cuando estalló la guerra en noviembre del 2020 en el norte de Etiopía, esta ocupó un cierto espacio en los medios de comunicación y algunas naciones y organismos internacionales se interesaron y ofrecieron su ayuda. Pero con el paso de los días y con el inicio de la guerra en Ucrania el conflicto en el Tigray dejó de ser noticia. Estos dos años, para la región del Tigray y también en parte para el resto del país, han supuesto un gran sufrimiento para mucha gente: guerra, hambre, carencia de medicinas y asistencia médica, cierre de escuelas y universidades, incorporación a filas de muchos jóvenes… Pero es un hecho que el final de las hostilidades ha sido posible con la intervención de organismos internacionales. La comparación con el trato dado a la guerra con Ucrania no me concierne.

P.- Vuestra comunidad, en el Tigray, está situada en la zona más afectada por la guerra. ¿Cuáles son las necesidades de la gente?

R.- Un doctor del hospital más importante de Makallé decía en un programa de la TV local: “Nosotros, como médicos, estamos aquí para salvar vidas, pero la realidad es que sólo nos queda esperar el día en el que morirán estas personas a las que no podemos ayudar”. Este testimonio refleja la dureza vivida durante estos dos años de sitio y guerra. La carencia de alimentos y medicinas, junto con la ausencia de comunicaciones, ha marcado la vida de la mayoría de personas, y no solo de los más pobres. Han sido años de hambre con muertos y desnutrición, especialmente visible en niños y niñas.

Debido a la inseguridad y la destrucción producidas por ataques por tierra y aire, muchas familias han emigrado y viven en campos de refugiados en el propio país o en Sudán. Es necesario facilitarles la vuelta a sus hogares y ayudarles a rehacer sus vidas.

P.- ¿Y cómo os habéis organizado para dar respuesta a las necesidades?

R.- Al igual que otras entidades civiles y religiosas, la diócesis de Adigrat, con su obispo al frente, las comunidades salesianas y de otros religiosos y religiosas hemos estado cerca de la gente con nuestra presencia y, cuando ha sido posible, repartiendo alimentos con subsidios recibidos a través de nuestra comunidad provincial de Adís Abeba y del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. Acogiendo a la gente, recibíamos su agradecimiento con expresiones como esta: “No venimos por lo que nos podáis dar, sino porque aquí en Don Bosco nos sentimos seguros y amados”.

P.- ¿Cómo les ha afectado a los más jóvenes toda esta situación?

Las escuelas y universidades han permanecido cerradas durante tres años, primero por la pandemia y después por la guerra, afectando el futuro de los niños y jóvenes y de todo el país. Muchos jóvenes de la región se han visto obligados a enrolarse como soldados.

Las comunidades salesianas en Etiopía y Eritrea, con 106 miembros y muchos laicos, trabajan en colegios, parroquias, centros juveniles y obras sociales. La juventud ha evolucionado y siente la necesidad de cualificación para poder acceder a un buen nivel de vida, pero sufre las consecuencias de la situación presente. Esto explica que haya mucha emigración sin planificación y en condiciones no seguras. La falta de trabajo después de los estudios hace que muchos aspiren a trasladarse al extranjero y engrosar así el número de etíopes en la diáspora.

P.- Todavía te veo en forma, pero los años van sumando. ¿Tu camino continúa en Etiopía?

P.- Los 36 años que llevo en Etiopía han representado para mí un enriquecimiento personal –es mucho más lo que he recibido que lo que he podido dar– y ello hace que, a pesar de mi edad y de encontrarme en España por unos meses, desee volver. Puedo ofrecer mi presencia y poco más, pero creo que de eso es de lo que tienen más necesidad la gente y particularmente los jóvenes: una presencia amorosa hecha de cercanía y convivencia a imitación de Jesucristo y Don Bosco. 

P.- Cierra los ojos y pide un deseo a Dios para este pueblo al que tanto quieres.

R.- Mi deseo es que todos en el país nos pongamos a trabajar por restañar las heridas, basar la paz en la justicia y la convivencia en fraternidad respetando la Constitución y los valores vividos por las diversas religiones que la gente profesa y el respeto entre las diferentes etnias. Expresado en forma de oración pediría que se realicen las palabras del salmista: “Etiopia extenderá sus manos a Dios” (Salmo 67/68).

No quiero terminar la entrevista sin dar las gracias por la solidaridad de la España salesiana, que a través de sus ONGD Bosco Global, Jóvenes y Desarrollo y también con Misiones Salesianas, sigue apoyando nuestros proyectos en el país.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

También te puede interesar…

Aprendiendo a vivirBlogs
Vivir dando gracias

Vivir dando gracias

A veces pensamos que nuestra vida cristiana es una forma de vida en la que cumplimos ciertos mandamientos, ritos y costumbres, y que al final nos llegará un premio. ¡Qué equivocados estamos! Vivir así la vida cristiana puede causarnos agobio, ya que por mucho que...