Se habla, quizás demasiado pronto, del giro católico, de una vuelva a la dimensión espiritual en gran parte de nuestra juventud. Desde 2005 la caída de las opciones religiosas de los jóvenes ha sido vertiginosa. Parece que este proceso, no sólo se ha detenido, sino que está revirtiendo. El 38,4 por ciento de los jóvenes considera la religión “bastante o muy importante” en su vida, (el dato más alto de toda la serie histórica de estudios de la Fundación SM). Por otra parte, el porcentaje de jóvenes que se declara católico -practicantes y no practicantes- ha pasado del 31,6 por ciento en 2020 al por cien en 2025.
Algo está pasando, no hay duda. No hay que lanzar las campanas al vuelo ni menospreciar este fenómeno… hay que tomarlo en serio. Qué duda cabe que esta sociedad nuestra, arrodillada ante la tecnología y el dinero, deja unos vacíos existenciales tremendos en muchos jóvenes que, hiperconectados, se sienten profundamente solos. En medio de tantos estímulos digitales, faltan elementos que ayuden a descubrir el sentido de la vida.
Llaman la atención algunos acontecimientos mediáticos recientes: el éxito imparable de la música del grupo Hakuna, el inicio de los conciertos de Bruno Mars en el que se le ve rezando ante el Santísimo, Beyoncé, que también reúne a sus músicos para rezar antes de salir al escenario, la sensibilidad espiritual de Lux, el último y bellísimo disco de Rosalía, el triunfo de la serie The chosen, la expectación del nuevo film de Mel Gibson sobre la resurrección que se estrenará en dos partes: el Viernes Santo y el día de la Ascensión del próximo año, el auge de la Vigilias de adoración ante el Santísimo, estrenos cinematográficos como David, El rey de reyes, Descalzos o una vida de Jesús que está rodando Martin Scorsesse, por ejemplo.
Son datos, pinceladas que van dibujando una realidad juvenil en la que lo trascendente vuelve a emerger.
Con todo, hay tres consideraciones importantes que conviene hacer:
Hay necesidad de acompañar a los jóvenes. En el estudio también aparece que hay auge de creer en el karma, la reencarnación y otros fenómenos que hablan de un esoterismo poco cristiano. Por otra parte, y ya los obispos han advertido, hay un auge de una sensibilidad que, de una manera exacerbada, puede convertirse en un sentimentalismo que desdibuje el mensaje evangélico.
Urge la formación teológica de los jóvenes cristianos. Una espiritualidad sin cultura y teología corres el riesgo de convertirse en un fanatismo místico que desdibuje la fe y la convierte en irracional. Hoy nuestros jóvenes no tienen ninguna formación teológica. Muchos de ellos quedaron con la formación de su primera comunión o, a lo sumo, de su Confirmación.
Hay que potenciar claramente la opción por los pobres. Una mística intimista en la que uno se siente bien, pero los pobres estén ausentes, puede convertirse en un refugio pseudoreligioso vacío. Para Jesús, el encuentro con Dios no puede darse al margen del encuentro con el pobre y excluido.
Es importante tomar en serio lo que está pasando, lo cierto es que esta sociedad nuestra cada vez provoca más insatisfacción y desamparo. Lo que se está empezando a denominar “giro católico” es un toque de atención para la Iglesia, porque la que la voz de los jóvenes sigue siendo una llama ardiente desde la que Dios nos habla.




Bien, acaso se notará en el incremento de los matrimonios católicos, tan en declive en este siglo. Estaremos atentos.
Estaremos atentos si se trata de algo meramente estético, como tantas cosas que adornan nuestra cultura hispana de catolicisimo, o se trata más bien de algo profundo. El criterio definitivo será la implicación social; la crítica al neoliberalismo rampante; la defensa de tantos marginados al borde del camino. Si no hay esto último, todo puede quedar en una moda estética, como tanta gente que asiste a las procesiones una vez al año… y se emociona viendo las imágenes salir por las calles del pueblo. Esto es estética. Y es lo más fácil y superficial.
Sí, la cosa es compleja de analizar y el texto me pareció más próximo al deseo que a la realidad; por eso, equivocado o no, comenté. Aludí al incremento de los matrimonios católicos, porque (confieso) temo que no se producirá. Miguel habla de la implicación social, y creo que supone un salto a lo sociopolítico; ojalá todo vaya, sí, contra el neoliberalismo rampante… Claro, ahí coincidiríamos creyentes, agnósticos y ateos, que de todo hay en la sociedad democrática.