Entre los bienes culturales conservados en los colegios destaca esta singular diapositiva en vidrio, un procedimiento fotográfico que permitió proyectar imágenes mucho antes de la generalización de los sistemas actuales. La pieza muestra un retrato de perfil de San Juan Bosco, captado después de su fallecimiento.
La fotografía presenta al santo recostado, con los ojos cerrados y el rostro sereno. Viste los ornamentos propios de su condición sacerdotal y apoya la cabeza sobre un cojín o almohada. El encuadre lateral y la iluminación tenue refuerzan el carácter solemne de la escena. No es un retrato convencional, sino una imagen de memoria, la representación de una figura venerada en el instante final de su vida.
La inscripción manuscrita -«D. Bosco difunto»- identifica con claridad el tema. El uso del tratamiento honorífico «Don» revela la cercanía y el respeto con que Juan Bosco era reconocido en los ambientes salesianos y devocionales. Esta imagen debió circular en contextos religiosos, educativos y conmemorativos, donde las proyecciones eran una herramienta eficaz para difundir la figura y el legado de nuestro fundador.
La relación de Don Bosco con la fotografía es especialmente significativa. Fue uno de los primeros santos en ser fotografiado en vida. Se conservan alrededor de 42 retratos auténticos, realizados entre 1861 y 1888, cuando la fotografía comenzaba a consolidarse como medio de representación social. Gracias a ellos, su rostro pudo ser conocido por personas que nunca lo vieron personalmente. La diapositiva que presentamos prolonga esa tradición visual, aunque ya registra el momento posterior a su muerte.
Las placas fotográficas de vidrio se utilizaron durante las primeras décadas del siglo XX tanto para conservar imágenes como para proyectarlas en ámbitos religiosos, culturales y educativos. Más adelante, especialmente desde la segunda mitad del siglo, la producción editorial de diapositivas en película experimentó un notable desarrollo. Las editoriales publicaron colecciones destinadas a la enseñanza, la catequesis y la divulgación, organizadas en series temáticas y acompañadas de guiones o textos explicativos.
Hoy, muchas de estas placas y dispositivos de proyección se conservan en valiosos fondos de equipamiento científico y pedagógico procedentes de los antiguos laboratorios de ciencias de los colegios. Junto a microscopios, balanzas, modelos anatómicos, instrumentos de física y materiales de experimentación, aparecen proyectores, cajas de placas y series de diapositivas. Estos conjuntos permiten reconstruir no sólo la evolución de la enseñanza de las ciencias, sino también la diversidad de recursos visuales empleados en la educación, la formación religiosa y la divulgación cultural.
Preservar estos objetos es fundamental: ayudan a comprender cómo se enseñaba, qué imágenes se consideraban esenciales y de qué manera se transmitían conocimientos y valores. Además de ser un testimonio material de la historia educativa, son también un reflejo del desarrollo de la fotografía. Su valor reside tanto en la imagen como en el soporte, las inscripciones, las marcas de uso, los sistemas de clasificación y la relación que mantienen con otros materiales del colegio.
Protegerlos significa garantizar que las generaciones futuras puedan estudiar no solo la imagen de Don Bosco, sino también la historia de las tecnologías, de los colegios y de las formas de aprendizaje que hicieron posible su contemplación.
Conservar una pequeña placa de vidrio es, en realidad, preservar una parte de nuestra memoria científica, educativa, religiosa y social que inspira nuestro futuro.
El soporte de vidrio, rígido y delicado, conserva no sólo una imagen fotográfica, sino también una manera de mirar y transmitir la historia. Antes de la presencia masiva de las pantallas y la fotografía digital, estas placas se proyectaban mediante aparatos ópticos y se convertían en el centro de una narración colectiva. La imagen de Don Bosco difunto podía contemplarse en reuniones, actos religiosos o sesiones formativas, vinculando la devoción personal con la experiencia compartida.
Este documento visual posee un doble valor: es testimonio de la cultura fotográfica y de las técnicas de proyección de su tiempo, y refleja la construcción de la memoria de san Juan Bosco, cuya imagen se difundió ampliamente tras su muerte como ejemplo de sacerdote, educador y fundador. La fotografía transforma el instante final en una escena destinada a perdurar.
La diapositiva nos recuerda que una fotografía histórica nunca es solo una representación. También es un objeto, una inscripción, una huella de paso y un fragmento de la memoria de quienes la conservaron. En este pequeño vidrio, la imagen de Don Bosco difunto sigue hablando de fe, de pedagogía y del papel decisivo que tuvieron las imágenes proyectadas en la educación y en la construcción de la memoria de uno de los santos más retratados de su tiempo.
DATOS IMAGEN:
Fondo Patrimonial equipamiento científico y pedagógico de antiguos laboratorios de ciencias
SALESIANOS MARÍA AUXILIADORA SALAMANCA (España)
Centro de Documentación Histórica Salesiana P. Cayetano Bruno SDB. Salesianos
ARGENTINA NORTE




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