Esta fotografía parece, a primera vista, un retrato más de grupo: diez personas posan en un jardín, algunos sentados, otros de pie, todos con gesto serio y orgulloso. Pero basta detenerse un instante para descubrir un detalle que cambia la lectura de la escena. El primero de pie a la derecha, con mirada serena y presencia discreta, es don Alberto González Martín, quien más tarde sería un salesiano coadjutor profundamente querido por generaciones de jóvenes.
Esta imagen no es casual. Se tomó para dejar constancia histórica de la reunión de la primera promoción de Automovilismo con su creador y fundador, el general Piqueras, impulsor de la Escuela de Parques y Talleres de Automovilismo y figura clave en la modernización técnica del Ejército. La fotografía conserva así un momento único: los primeros alumnos junto al hombre que soñó y puso en marcha aquel proyecto educativo-militar.
La historia vocacional de Alberto está íntimamente ligada a este lugar. Durante la Guerra Civil, él y su familia fueron evacuados desde Madrid a Fuentidueña de Tajo y después a Albacete. Allí trabajó como tornero junto a su padre y organizó un pequeño club deportivo con los chicos del barrio. En 1943 fue llamado a filas y destinado al cuartel de Parques y Talleres de Automovilismo de Carabanchel Alto, donde funcionaba una escuela de formación profesional para militares y civiles.
En aquel ambiente técnico y disciplinado, Alberto entró en contacto con los salesianos que colaboraban en el centro, especialmente con el capellán don Ambrosio Díaz, que había formado un grupo de Acción Católica entre los jóvenes soldados. Ejercicios espirituales, acompañamiento cercano y un estilo educativo profundamente humano despertaron en él una inquietud nueva. Entre motores, talleres y vida de cuartel nació su vocación salesiana.
Tras licenciarse, ingresó en el noviciado de Mohernando y profesó como salesiano coadjutor en 1948. Completó su formación en Turín y regresó a España para trabajar en el colegio de Atocha, donde sufrió un grave accidente pirotécnico que le costó la mano derecha. Con admirable tenacidad, continuó enseñando mecánica y acompañando a los jóvenes. Más tarde obtuvo el título de Ingeniero Técnico Mecánico en La Almunia de Doña Godina, fue profesor en Carabanchel Alto y pasó tres años en Guinea Ecuatorial formando a jóvenes en escuelas profesionales.
De vuelta en Carabanchel, ejerció como secretario y bibliotecario. Ya jubilado, permaneció en la comunidad hasta su traslado a la residencia Felipe Rinaldi de Arévalo, donde falleció en 2016, a los 94 años, dejando un recuerdo imborrable de serenidad, alegría y entrega.
La colaboración salesiana en este centro —conocido como Automovilismo— comenzó hacia 1943-1944, impulsada por el general Piqueras y el inspector salesiano don Modesto Bellido. En los años 60 se formalizó la presencia y en 1967 se erigió oficialmente la comunidad salesiana, dependiente de Carabanchel Alto.
Durante los años 70, los salesianos se integraron plenamente plenamente en la vida educativa del centro, que pasó a llamarse Instituto Politécnico nº 1 del Ejército de Tierra (IPE nº 1). Cada 31 de enero se celebraba la fiesta de San Juan Bosco, reconocido como patrón del Instituto. La huella salesiana fue tan profunda que, en el año 2000, San Juan Bosco fue proclamado Patrón del Cuerpo de Especialistas del Ejército de Tierra, en gran parte gracias a la tradición educativa heredada de este IPE.
La comunidad se mantuvo activa hasta 2003, y los últimos salesianos continuaron atendiendo pastoralmente a los alumnos hasta el cierre definitivo del Instituto en 2004.
Este año 2026, a finales de marzo, el cuartel General Arteaga, sede histórica de Automovilismo y del IPE, ha cerrado definitivamente sus puertas, poniendo fin a una presencia militar y educativa que marcó profundamente la vida del distrito de Carabanchel. Con su clausura desaparece un espacio emblemático, pero permanece viva la memoria de quienes lo llenaron de vida, estudio, servicio y esperanza.
Esta fotografía, sencilla y poderosa, nos recuerda que la historia salesiana también se ha escrito en lugares inesperados: talleres, aulas militares, patios de cuartel… espacios donde educadores como don Alberto González descubrieron su vocación acompañando a los jóvenes allí donde estaban.
Es una imagen que nos invita a mirar atrás con gratitud y a reconocer que, incluso en un entorno tan marcado por la técnica y la disciplina como Automovilismo, la verdadera transformación nació del trato humano, de la cercanía y del acompañamiento personal. Allí, entre motores y herramientas, surgieron historias de vida que aún hoy inspiran.
Por eso esta fotografía no es solo un recuerdo: es un testimonio vivo de cómo la vocación salesiana puede brotar en los lugares más inesperados cuando hay alguien dispuesto a escuchar, a servir y a creer en los jóvenes.
DATOS IMAGEN:
ASOCIACION ANTIGUOS ALUMNOS EFPdeA – IPEnº1 | Facebook
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CENTRO PATRIMONIO SALESIANO SSM




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