Pocas fotografías nos acercan tanto a la vida cotidiana de Don Bosco como esta imagen tomada en Turín en 1861. Se trata de una de las fotografías más antiguas que se conservan del santo y, por ello, constituye un testimonio excepcional de su tiempo. No conocemos con certeza las circunstancias en que fue realizada, pero su extraordinaria naturalidad nos permite contemplar uno de los espacios más significativos de la historia salesiana.
La escena no parece preparada para la cámara. La habitación se presenta tal como era utilizada: la mesa de trabajo, la biblioteca, el sofá destinado a recibir visitas y los distintos objetos que hablan de una actividad intelectual y educativa. Todo transmite sencillez, orden y funcionalidad. Más que un retrato, la fotografía nos muestra un espacio de encuentro, estudio y acompañamiento. Frente a la sobriedad del mobiliario, destacan los elementos que revelan una estancia habitada y llena de actividad cotidiana.
Don Bosco aparece sentado junto a su escritorio, en una postura espontánea, como quien interrumpe por un instante su trabajo para atender a alguien que acaba de llegar. La imagen nos permite imaginar aquellas largas jornadas dedicadas a escuchar a los jóvenes, escribir, estudiar y responder a las innumerables necesidades de su obra naciente. La biblioteca situada frente a su mesa evoca también el valor que concedía a la formación, a la lectura y a la publicación de libros destinados al crecimiento humano y cristiano de los muchachos.
Al mismo tiempo, la fotografía deja entrever el desgaste físico que sufría por aquellos años. Las fuentes salesianas recuerdan que continuaba trabajando a pesar de diversos problemas de salud, entre ellos fuertes dolores de cabeza, trastornos oculares y otras dolencias que minaban sus fuerzas. Sin embargo, la serenidad de su figura transmite una profunda entrega a la misión educativa y pastoral que desarrollaba entre los jóvenes.
La imagen adquiere un interés aún mayor al relacionarla con una singular reliquia histórica conservada en el Centro Patrimonio Salesiano en Carabanchel, de aquellas primeras habitaciones: un fragmento del pavimento original de ladrillo colocado en 1853. Según la inscripción que acompaña la pieza, este ladrillo procede del lugar donde cayó un rayo en 1861, precisamente el mismo año en que fue realizada esta fotografía. Esta coincidencia temporal convierte ambas piezas, la fotografía y el fragmento del pavimento, en testimonios complementarios de un mismo momento histórico.
Por estas dependencias pasaron figuras fundamentales de los orígenes salesianos como Don Bosco, Don Rua, Domingo Savio y Mamá Margarita. El humilde ladrillo nos conecta físicamente con el mismo espacio que aparece retratado en la imagen, estableciendo un puente excepcional entre la memoria visual y la materialidad de los lugares donde nació la obra salesiana.
Mientras la fotografía nos permite contemplar la habitación de Don Bosco tal como era en 1861, este pequeño fragmento de ladrillo nos acerca físicamente al mismo espacio. Imagen y reliquia, separadas por su naturaleza pero unidas por el tiempo, conservan la memoria de aquellos años fundacionales en los que tomó forma una de las obras educativas y pastorales más influyentes de la Iglesia contemporánea.
Más de siglo y medio después, esta sencilla habitación sigue hablándonos de los pilares que sustentaron el proyecto educativo de Don Bosco: la acogida, la cercanía, el estudio y la confianza en los jóvenes. La fotografía conserva la atmósfera de aquel espacio vivido; el ladrillo, la huella tangible de quienes lo habitaron. Juntos nos permiten acercarnos, de una manera especialmente evocadora, a los años fundacionales de Valdocco.
DATOS IMAGEN:
Fotógrafo anónimo ¿Turín 1861?
Copia original a la albúmina (7 × 5,5 cm) montado en cartón blanco, 10 x 6,2 cm redondeado en las esquinas.
Roma, Archivo Fotográfico Central Salesiano




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