La Congregación Salesiana tiene un nuevo santo, San Artémides Zatti

10 octubre 2022

ANS / Redacción - Fotos: Vatican Media / ANS

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El 9 de octubre, el Papa canonizó a Artémides Zatti, junto a Juan Bautista Scalabrini, en una celebración dominical ante 40.000 fieles en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

“El salesiano coadjutor Artémides Zatti fue un ejemplo vivo de gratitud”. Con estas palabras, pronunciadas durante la homilía de la Misa del 9 de octubre, el papa Francisco indicó a todos los fieles presentes en la Plaza de San Pedro en el Vaticano el modelo del “santo enfermero” y “pariente de todos los pobres” que fue el salesiano coadjutor Artémides Zatti, en el día en que fue proclamada su santidad ante la Iglesia universal.

A las 10:15 horas comenzó la celebración eucarística con el Rito de Canonización de Zatti y de Mons. Juan Bautista Scalabrini, obispo y fundador de la Congregación de los Misioneros de San Carlos y de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo.

La celebración de la canonización el 9 de octubre fue el momento central de un fin de semana en el que la Congregación Salesiana vivió una serie de actos muy importantes en torno a la figura de San Artémides Zatti.

 

Misa del Rector Mayor

El sábado, 8 de octubre, comenzó con una misa presidida por el Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, en la sala “Pablo VI” del Vaticano. A ella acudieron cientos de salesianos, miembros de la Familia Salesiana y devotos del que sería proclamado nuevo santo de la Familia Salesiana el día siguiente. En total, cerca de 3.000 personas.

Junto al Rector Mayor, estuvieron presentes los salesianos que forman su Consejo General, varios Inspectores, cardenales y obispos salesianos, el Rector Mayor Emérito, Pascual Chávez, la Superiora General de las Hijas de María Auxiliadora, Sor Chiara Cazzuola, y también el Alcalde de Boretto, ciudad natal de Zatti, Mateo Benassi.

En la homilía, el Rector Mayor destacó el inmenso regalo que supone un nuevo santo para los Salesianos: “Verdaderamente es un regalo estar aquí, como hijos e hijas de Don Bosco, para celebrar la santidad de uno de sus hijos: hermano humilde, sencillo, migrante, salesiano”.

Después, comenzó a dibujar el perfil de Zatti: recordó el testimonio que el salesiano coadjutor ofreció en 1915 con motivo de la inauguración de un monumento en memoria del salesiano misionero Evasio Garrone, figura central de su vocación, y la frase de Zatti que dio lema a su canonización: Creí, porque sabía por experiencia que María Auxiliadora lo ayudaba de manera visible. Prometí, porque siempre fue deseo ayudar a su prójimo en algo. Y habiendo Dios escuchado a su siervo, sanó”.

Por este motivo, don Ángel observó que “el perfil profesional de Artémides Zatti, que comenzó con una promesa, estaba arraigado en la confianza en la Providencia, en una gran fe en el Señor y en un gran amor a Nuestra Señora Auxiliadora”. En todos sus deberes y servicios, “en el patio, cuando se desplazaba en su bicicleta, en su oficia de administrador, en la sala de operaciones, en cualquier sala de hospital, siempre fue un santo enfermero dedicado a curar y aliviar, trayendo la mejor medicina: la presencia alegre y optimista de la empatía”.

El Rector Mayor remarcó su consagración como salesiano coadjutor: “Encontró en la figura del salesiano coadjutor el estilo de compromiso para trabajar directamente con los pobres. Su consagración religiosa, vivida en su profesión de enfermero, fue el conjunto de su vida dedicada a Dios y a sus hermanos”.

También destacó su fuerte devoción mariana: “Toda su vida estuvo guiada y acompañada por el gran amor de Nuestra Señora. Siempre en los labios y en muchos momentos el Rosario entre sus manos, al final del día o antes de una cirugía importante, como han escrito quienes han convivido con Artémides”, afirmó.

El décimo sucesor de Don Bosco concluyó su homilía definiendo a Zatti como “un modelo de creyente y de salesiano coadjutor”, asegurando que “será un santo intercesor por las vocaciones en la Iglesia y en la Congregación Salesiana, en particular, en la hermosa vocación de los salesianos coadjutores”.

Tras la Santa Misa presidida por el Rector Mayor, a las 11 de la mañana, se celebró un acto en el que se dieron testimonios sobre Artémides Zatti, de personas que estuvieron o están muy vinculadas con la figura del nuevo santo salesiano.

 

Audiencia con Francisco

A continuación, aproximadamente a las 12 del medio día, tuvo lugar la audiencia especial con el papa Francisco en la misma sala “Pablo VI” del Vaticano.

Recibido con entusiasmo por todos los fieles presentes, alrededor de 3.000 personas, el Santo Padre acogió el saludo cariñoso del Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, en representación de toda la Familia Salesiana presente en el encuentro. Don Ángel le agradeció esa audiencia general a los peregrinos y devotos de Zatti.

Posteriormente, el Pontífice inició su discurso partiendo de la figura de Zatti como migrante. Mientras que en el contexto de las migraciones del siglo XIX muchos migrantes perdieron sus raíces y con ello su fe, los Zatti, en cambio, se mantuvieron fieles. “La participación en la vida de la comunidad cristiana, las relaciones cordiales con los sacerdotes, la oración común en casa, la frecuencia de los sacramentos no decayó” Artémides creció en un excelente ambiente cristiano”. Por eso, después de conocer a los Salesianos en Bahía Blanca (Argentina), Zatti tomó la decisión de hacerse uno de ellos.

Describiendo a Zatti, a la luz del apodo que le fue dado en vida: “pariente de todos los pobres”, el papa Francisco recordó su celo incansable por todos los enfermos, fruto de la promesa hecha en su juventud después de ser curado milagrosamente de la tuberculosis que padeció. “En ese trozo de tierra patagónica, donde fluye la vida de nuestro beato –comentó el Papa con palabras delicadas– se reescribió una página del Evangelio: el Buen Samaritano encontró en él, corazón, manos y pasión, ante todo por los pequeños, los pobres, los pecadores, los más pequeños”. Y prosiguió: “Así, un hospital se ha convertido en ‘El Hostal del Padre’, signo de una Iglesia que quiere ser rica en dones de humanidad y de gracia, demora del mandamiento del amor de Dios y del hermano, lugar de salud como prenda de salvación”.

Precisamente su unidad con Dios le permitió actuar como lo hizo por los necesitados: “El intenso trabajo y la incansable disponibilidad a las necesidades de los pobres estaban animados por una profunda unión con el Señor: la oración constante, la adoración eucarística prolongada, la oración del rosario. Artémides es un hombre de comunión, que sabe trabajar con los demás: monjas, médicos, enfermeros; y con su ejemplo y sus consejos forma a las personas, moldea las conciencias, convierte los corazones”.

Zatti como coadjutor fue el tercer aspecto destacado de Francisco. Citó las palabras de Zatti que dan forma al lema de canonización –Creí, prometí, sané– y el episodio cuando el propio Zatti las pronunció. “Para el nuevo santo estas palabras expresaban un programa de vida, una vida que –como observó el Papa– una vez recuperada ya no es de su propiedad, sino enteramente para los pobres”, y vivió esta misión en comunión con sus hermanos salesianos: “Él es el primero en estar presente en los momentos comunitarios; con su alegría y simpatía animaba la fraternidad”.

Por último, el papa Francisco, cuando era Superior provincial de los Jesuitas de Argentina, impulsó las novenas y oraciones por las nuevas vocaciones de los hermanos consagrados a través de Artémides Zatti, subrayó el papel del salesiano coadjutor como intercesor, relatando su testimonio directo.

Al concluir sus palabras, el Papa reafirmó el valor testimonial y operativo de la consagración de hermanos, vocación elegida con plena conciencia y vivida en plenitud por el futuro santo. “Los hermanos tienen un carisma especial que se nutre en la oración y el trabajo. Y son buenos para todo el cuerpo de la Congregación. Son personas de piedad, alegres, trabajadores. No tienen ‘complejos de inferioridad’ por el hecho de no ser sacerdotes y no aspiran a ser diáconos. Son conscientes de su vocación y la quieren así, afirmó con claridad el Papa, antes de dar a todos la bendición apostólica y dejar el aula “Pablo VI” acompañado del gozoso saludo de todos los fieles presentes.

 

Peregrinación de los salesianos coadjutores

En la tarde del sábado, unos 650 salesianos coadjutores, venidos de todas las partes del mundo y que asistieron a la canonización de Zatti por invitación del Rector Mayor, llenaron las calles de Roma para descubrir juntos, como hermanos consagrados en el mismo carisma, los lugares de Don Bosco en la capital de Italia.

“Don Bosco y Zatti, santos en Roma” ha sido el lema de la peregrinación, organizada por la comisión encargada de organizar los eventos para la canonización de Zatti. Gracias a la colaboración de los salesianos, de varios acompañantes y guías, los participantes divididos en grupos lingüísticos pudieron hacer un recorrido por las casas de Don Bosco en Roma, los lugares más visitados por él, las posibles casas salesianas que buscaba en la ciudad, etc.

Los itinerarios desarrollados permitieron a los salesianos coadjutores visitar algunos lugares más y menos conocidos por el gran público de turistas o peregrinos que abarrotan calles o iglesias cada día el centro de Roma. Parada obligatoria fue la Basílica del Sagrado Corazón, donde se encuentran las “habitaciones romanas” de Don Bosco y donde el Santo de la Juventud escribió su famosa carta de mayo de 1884 en la que exhortaba a los Salesianos a permanecer siempre presentes en medio de los jóvenes.

“Estamos teniendo una experiencia de Iglesia como un conjunto unido gracias a la canonización de Zatti. Estoy muy feliz por participar en estos eventos”, comentó un salesiano coadjutor de Brasil. “Hoy Zatti nos recuerda la importancia de cómo debemos cuidarnos los unos de los otros, como él cuidó a los enfermos”, añadió.

Dominic Nguyen Nam, salesiano coadjutor y delegado del Rector Mayor para los Antiguos Alumnos de Don Bosco y los Salesianos Cooperadores, comentó: “Es una ocasión maravillosa para mí, un salesiano coadjutor como él, como Artémides Zatti. Cuando vemos a un salesiano coadjutor, que vivió una vida sencilla, humilde, pero que en su vida cotidiana santificaba cada acción que realizaba dedicándose a los pobres y a los enfermos, podemos vislumbrar allí un camino abierto también para otros salesianos coadjutores como yo, un camino que debemos seguir, imitando su ejemplo”.

 

Artémides Zatti, nuevo santo

La celebración de canonización estuvo presidida por el papa Francisco y por el Prefecto para la Causa de los Santos, Mons. Marcello Smeraro.

Con la solemnidad que merece una celebración de este tipo, la Santa Misa comenzó por el rito de canonización de Artémides Zatti y de Juan Bautista Scalabrini. El Cardenal Smeraro, acompañado por los Postuladores –Graziano Battistella y el salesiano Pierluigi Cameroni–, se dirigió al Santo Padre para presentar la petición y proceder a la canonización de los dos beatos. Se leyó una breve biografía de ambos por el propio Smeraro.

A continuación, toda la plaza llena de fieles invocó, a través de las Letanías de los Santos, la participación de toda la Iglesia celestial para acompañar la inscripción en el Registro de Santos de los dos beatos.

Aproximadamente a las 10:45 de la mañana de este domingo 9 de octubre, el Papa pronunció en latín la fórmula solemne de canonización con la que declaró santos a Artémides Zatti y a Juan Bautista Scalabrini.

Un gran aplauso de la asamblea de fieles acompañó la proclamación, seguido poco después por la incensación y deposición a los pies de la imagen de la Virgen María de las ilustres reliquias de los dos nuevos santos y el agradecimiento del Cardenal Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, quien, al mismo tiempo, pidió y obtuvo del Pontífice el asentimiento para la redacción de la Carta Apostólica relativa a la canonización.

Tras el momento central de la celebración, se reanudó la liturgia eucarística dominical, concelebrada por varios cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes, muchos de ellos Salesianos, encabezados por el Rector Mayor.

 

Don de la gratitud

En el momento de la homilía, el Papa profundizó en las lecturas del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Dos aspectos subrayados en particular por el Pontífice: el caminar juntos y la gratitud.

Caminar juntos es la característica de los diez leprosos curados por Jesús: “Es una imagen hermosa también para nosotros”, dijo el Papa. “Cuando somos honestos con nosotros mismos, recordamos que todos estamos enfermos de corazón, que todos somos pecadores, todos necesitados de la misericordia del Padre. Y entonces dejamos de dividirnos en base al mérito, los roles que cubrimos o algún otro aspecto externo de la vida”, añadió el sucesor de Pedro.

“Hermanos y hermanas, comprobemos si en nuestra vida, en nuestra familia, en los lugares donde trabajamos y que frecuentamos todos los días, somos capaces de caminar juntos con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de atrincherarnos en nuestra autorreferencia y pensar sólo en nuestras necesidades”, invitó el Papa.

Francisco aprovechó para volver a denunciar, una vez más, la exclusión de los inmigrantes, que el Papa definió claramente como “escandalosa, criminal, repugnante y pecaminosa”. “Hoy pensamos en nuestros migrantes, los que mueren… y los que logran entrar, ¿los recibimos como hermanos o los explotamos?”, enfatizó.

Posteriormente, el Santo Padre destaca el valor de la gratitud, siguiendo el modelo del Samaritano, del único de los diez leprosos curados que vuelve a agradecer a Jesús: “Esta es una gran lección también para nosotros, que nos beneficiamos cada día de los dones de Dios, pero muchas veces vamos por nuestro propio camino olvidándonos de cultivar una relación viva con Él. (…) Y, de esta forma, acabamos pensando que todo lo que recibimos cada día es obvio y debido”.

Al contrario, observó Francisco, “la gratitud, sabiendo decir ‘gracias’, nos lleva más bien a afirmar la presencia de Dios-amor. Y también a reconocer la importancia de los demás, superando la insatisfacción y la indiferencia que afean nuestro corazón”.

“Saber caminar junto a los demás y el espíritu de gratitud –dijo el Papa– son precisamente lo que marcó la vida de los dos nuevos santos. De Mons. Scalabrini, que fundó una congregación para la atención de los emigrantes, el Papa ofreció una cita para afirmar que “en el caminar común de quien emigra hay que ver no sólo problemas, sino también un proyecto de Providencia. “Precisamente por las migraciones forzadas por las persecuciones –dijo– la Iglesia traspasó las fronteras de Jerusalén e Israel y se hizo ‘católica’. Gracias a las migraciones de hoy, la Iglesia será instrumento de paz y de comunión entre los pueblos”, en palabras de Scalabrini en su libro “La emigración de los trabajadores” de 1899. El papa Francisco reflexionó sobre la actualidad y la migración forzada de la población ucraniana: “No olvidemos hoy a la Ucrania atormentada”.

Sobre el salesiano coadjutor elevado a los altares, el Papa reiteró: “Con su bicicleta, Zatti fue un ejemplo vivo de gratitud: curado de tuberculosis, dedicó toda su vida a gratificar a los demás, a sanar a los enfermos con amor y ternura. Se dice que se le ha visto cargar sobre sus hombros el cuerpo sin vida de uno de sus enfermos. Lleno de gratitud por lo que había recibido, quiso decir su ‘gracias’ asumiendo las heridas de los demás”.

La homilía del Santo Padre concluyó con una exhortación final: “Oremos para que estos santos hermanos nuestros nos ayuden a caminar juntos, sin paredes divisorias; y cultivar esta nobleza de alma tan agradable a Dios que es la gratitud”.

A la conclusión de la Santa Misa, el Papa saludó con afecto al Rector Mayor y a algunos cardenales salesianos, entre ellos, Mons. Cristóbal López, arzobispo de Rabat. Fue numerosa la presencia salesiana en el Vaticano. Unos 60 salesianos coadjutores viajaron de las dos inspectorías de España. También sus dos inspectores, Fernando García, de Salesianos Santiago el Mayor (SSM), y Ángel Asurmendi, de Salesianos María Auxiliadora (SMX). Francisco saludó a los fieles presentes venidos de todos los rincones del mundo congregados en la Plaza de San Pedro en su papamóvil.

 

Artémides Zatti

Artémides Joaquín Desiderio María Zatti nació en Boretto, Reggio Emilia (Italia), el 12 de octubre de 1880, y falleció en Viedma (Argentina), el 15 de marzo de 1951. Emigró con su familia a principios de 1897 a Argentina para instalarse en Bahía Blanca, donde frecuentó la parroquia dirigida por los Salesianos.

A los veinte años fue recibido por el obispo Juan Cagliero como aspirante salesiano e ingresó en la casa de Bernal, donde se le encomendó la tarea de asistir a un joven sacerdote tuberculoso, contrayendo la enfermedad.

Enviado a ser atendido en el hospital San José de Viedma, conoció al padre Evasio Garrone, misionero salesiano. Junto a él pidió y obtuvo de María Auxiliadora la gracia de la curación, con la promesa de dedicar toda su vida al cuidado de los enfermos.

En 1908 hizo su profesión perpetua como salesiano coadjutor. Comenzó a ocuparse de la farmacia anexa al hospital y luego asumió la responsabilidad de dirigir el hospital.

Como ‘buen samaritano’, vivió una entrega absoluta a los enfermos, reconociendo en ellos el rostro de Cristo. Siguiendo la escuela de Don Bosco hizo de la Providencia el primer y seguro ingreso en el balance de sus obras.

San Juan Pablo II lo proclamó beato el 14 de abril de 2002 y el papa Francisco lo ha inscrito en el registro de los santos este 9 de octubre de 2022.

La Familia Salesiana ya tiene un nuevo santo, junto a San Juan Bosco, Santa María Dominga Mazzarello, Santo Domingo Savio, San Luis Versiglia y San Calixto Caravario.

Su festividad se seguirá celebrando como hasta ahora, el 13 de noviembre de cada año.

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