Los cuatro religiosos vivieron y trabajaron en la casa salesiana de Estrecho hasta julio de 1936. Con el inicio de la Guerra Civil, la comunidad fue expulsada y el edificio pasó a convertirse en el primer cuartel general del 5.º Regimiento de Milicias Populares, germen del futuro Ejército Popular de la República. Aquella dispersión dejó a los salesianos sin protección; varios de ellos fueron detenidos en distintos lugares y algunos dieron su vida por su fe.
En la tradición cristiana, la Iglesia define al mártir como aquel creyente que entrega su vida por fidelidad a Cristo, aceptando la muerte antes que renunciar a su fe. No se trata solo de una víctima de violencia, sino de un testigo —esa es la raíz del término griego martyr— cuya vida y muerte expresan una convicción profunda y una entrega total. La Iglesia reconoce su mérito declarándolos mártires, pues han demostrado su valor al mantenerse firmes en su fe incluso ante la persecución.
Los salesianos aquí recordados son: Don Salvador Fernández Pérez (1870–1936), Don Pío Conde Conde (1887–1937), Don Sabino Hernández Laso (1886–1936) y Don Nicolás de la Torre Merino (1892–1936). Los cuatro fueron beatificados en Roma el 28 de octubre de 2007 por el papa Benedicto XVI, dentro del reconocimiento a los numerosos testigos de la fe de aquel periodo.
La reconstrucción digital de sus retratos ha permitido recuperar unas imágenes deterioradas por el tiempo. Pero, para la comunidad, el valor de este proyecto va más allá de la técnica: la tecnología se convierte aquí en una herramienta al servicio de la memoria, capaz de acercar de nuevo los rostros de quienes formaron parte esencial de su historia.
La lápida renovada vuelve a mostrar sus semblantes con una fidelidad que se creía perdida. Sus miradas, ahora más nítidas, recuerdan que la memoria no es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de mantener vivos los valores que sostienen a la comunidad.
El proyecto une tradición y presente: la necesidad de no olvidar las raíces y la oportunidad que brindan las nuevas tecnologías para conservarlas y compartirlas. Al recuperar sus rostros, la comunidad recupera también una parte de sí misma y reafirma su camino hacia el futuro.
Esta restauración invita a seguir cuidando la memoria colectiva y a utilizar con responsabilidad los avances técnicos disponibles. Porque recordar, insisten los salesianos, no es mirar atrás, sino fortalecer el camino que se sigue construyendo juntos











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