Mejor que como un robot

El Rincón de Mamá Margarita

20 julio 2022

Me he sentado a escribir mi aportación estival a este blog y al mismo tiempo tenemos trabajando al robot limpiacristales (ese que se ve en la fotografía). Me llama la atención su ritmo de trabajo: pasa una balleta, echa agua, pasa la siguiente balleta, vuelva a pasar la primera balleta y luego la segunda. Siempre gira a la misma distancia, y vuelve sobre la superficie para terminar lo comenzado y no dejar nada sin limpiar. El resultado mejor que cuando yo lo hago y en menos tiempo. Dice cuando comienza y cuando termina. Nunca gira más de lo necesario, ni menos. Siempre avanza con el mismo ritmo.

¡Es una buena cosa! Ya hay algo que no tengo que hacer, me lo hace esta “maquinica”. Un instrumento cuyo programa ha sido ideado por alguien basándose en cómo se limpian los cristales a mano.

El ritmo de esta máquina me ha dado que pensar. Si la mente humana es capaz de programar algo tan perfecto es porque es capaz de imaginar esa perfección y ponerlo “en negro sobre blanco”. Si, además, permitimos que en el proceso actúe nuestro corazón, no conseguiremos sólo algo muy bien hecho; estaremos hablando de crecer, de avanzar… ya no estoy hablando de limpiar cristales, ni de máquinas, ni robots.

En ocasiones, hacemos un trabajo perfecto, pero sin alma. Nadie puede decirte que esté mal hecho, que no se hayan alcanzado los objetivos propuestos, nadie puede “echarte en cara” que no hayas terminado correctamente.

Y en otras ocasiones, sin perder eficacia, ponemos todo nuestro corazón en llenar de alma una acción y ésta brilla y destaca porque los resultados que obtenemos parecen tener vida propia y se multiplican. No solo son correctos, son, también, sorprendentes. Nos ponemos en otra dimensión, somos algo más que un robot.

Te animo a analizar porqué unas veces elegimos ser robots y otras buscamos que los proyectos en los que nos implicamos brillen. ¡Yo me lo pongo como tarea de verano!

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