ACTUALIDAD SALESIANA
Don Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos
VISITA DEL RECTOR MAYOR

Don Fabio Attard

Rector Mayor de los Salesianos

Celebramos 150 años de los Salesianos Cooperadores y 125 años de Salesianos Atocha.

Mosaico de esperanza

27 octubre 2023

Hace tres semanas se clausuraba, en Marsella, la tercera edición de los ‘Encuentros Mediterráneos’. Tras Bari (2020, solo obispos) y Florencia (2022, obispos y alcaldes), en Marsella el plural “encuentros” ha estado plenamente justificado; además del encuentro de obispos, ha habido otros cuatro: jóvenes, teólogos, directores diocesanos de educación y rectores de santuarios marianos. Añadamos a ello la Red de Monasterios del Mediterráneo, que rezan y se sienten unidos permanentemente a todo lo que se vive en torno al Mare Nostrum.

Un mar, cinco orillas: la noroccidental (España, Francia, Italia), la suroccidental (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia), la oriental (Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Siria, Turquía), la central (Albania, los países balcánicos, Grecia y las islas, especialmente Malta y Chipre) y el Mar Negro (Bulgaria, Rumania, Moldavia, Georgia, Ucrania y Rusia). Este fue mi primer descubrimiento en Bari: ver el Mediterráneo en toda su integridad y no solo desde mi estrecha mirada occidental.

La cuenca del Mediterráneo ha sido cuna de civilizaciones y de imperios; en ella han nacido o se han implantado las tres grandes religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam); sus aguas bañan –y unen– tres continentes: África, Asia y Europa.

Las identidades de los pueblos mediterráneos son diversas, pero todas tienen como punto de unión el sentido de pertenencia a este espacio geográfico que, cantado por Serrat, va de Algeciras a Estambul.

¿Por qué y para qué la Iglesia católica se ocupa y preocupa por esta zona geográfica?

Porque lo que podría y debería ser un nexo de unión, el mar, se está convirtiendo en una frontera que divide y separa.

Porque lo que debería ser “un laboratorio de civilización y de paz” (papa Francisco ‘dixit’), es actualmente la zona del mundo con más intensidad de conflictos.

Fuente de vida

La Iglesia se ocupa del Mediterráneo para que deje de ser “el cementerio más grande de Europa” y vuelva a su vocación de ser cuna y fuente de vida.

Como cristianos, queremos convertir el mapa del Mare Nostrum en un “mosaico de esperanza”, como rezó el eslogan de Marsella.

Nos hace mucho bien a los obispos católicos encontrarnos y conocernos, constatar que, compartiendo la misma fe, la expresamos, vivimos y celebramos de maneras muy diferentes.

Por ser católicos, apuntamos a un horizonte mucho más amplio: sentarnos en torno a la misma mesa con ortodoxos, judíos y musulmanes. Sin ellos el Mediterráneo no se entiende.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

También te puede interesar…

¿Sistemas para vivir o vivir para el sistema?

¿Sistemas para vivir o vivir para el sistema?

Es tiempo de elecciones y debates, más centrados sus candidatos en atacar que en construir y proponer. En el lenguaje de Cupido, diríamos que es una relación complicada, una tensión nunca resuelta. Decimos que las instituciones pasan y las personas permanecen.  O así debería ser, aunque el rodillo institucional a veces aplaste a las personas, incluso a la propia verdad. 

No tengáis miedo

No tengáis miedo

Cuando Jesús invita a sus discípulos a “no tener miedo”, debemos tener cuidado de no reducir esta invitación a un eslogan superficial.

Debería preocuparnos a todos

Debería preocuparnos a todos

Podemos discutir las cifras, comparar comunidades autónomas, buscar culpables, hablar de leyes educativas, ratios, pantallas, familias, profesorado o administraciones. Seguramente habrá un poco de verdad en muchas de esas explicaciones.