El filósofo, sociólogo y politólogo Harmut Rosa, nacido en 1965, es un pensador de moda. Analiza bien nuestro mundo crispado, polarizado y acelerado, y cree que estamos cerrando la puerta a las experiencias humanas más profundas e importantes. El esfuerzo frenético por controlar inhibe nuestra capacidad de emocionarnos y dejarnos afectar por el mundo que experimentamos, como puede ocurrir, por ejemplo, con la música, la poesía o el arte… Rosa tiene un nuevo término para este tipo de experiencia: resonancia. Estas experiencias resuenan en nuestro interior como la señal de una afinidad sentida.
¿Qué es la resonancia? Según él, es resonancia “el sentimiento de reverencia que una persona «secularizada» puede sentir frente a una selva y la reverencia que siente un creyente al entrar en la Catedral de Chartres”. Y no son tan diferentes. Rosa cree que el único antídoto contra nuestras obsesiones, paranoias y agresividades es abrirnos a las experiencias resonantes.
H. Rosa acaba de publicar La democracia necesita la religión con urgencia. Sobre la necesidad de detenerse y ser receptivos (Editorial Fragmenta, 2026). Afirma que “la religión tiene, por un lado, el potencial y el poder de hacer a las personas receptivas y transformables, y esto significa capaces de resonar; mientras que, por otro lado, corre siempre el riesgo de volverse autoritaria y fundamentalista y de convertirse en el más terrible de todos los asesinos de la resonancia” (p. 24). Retoma una expresión del rey Salomón, cuando pide a Dios sabiduría y tener “un corazón que escucha”, y lo relaciona con su concepto de resonancia: “Un corazón que escucha, que es receptivo y que responde, es exactamente lo que necesitamos como sociedad” (p. 26). “La sociedad, y de hecho la democracia, requiere la capacidad de dejarse llamar, y eso significa la capacidad de detenerse y escuchar… Cuando escuchamos música nos damos cuenta de que no se trata realmente de controlar, crecer o dominar, algo me llega, algo me hace prestar atención: es resonancia” (pp. 58-59).
Aun reconociendo las patologías en que a veces cae la religión (fundamentalismos, violencia contra los ajenos, abusos de poder…) Rosa mantiene que “la religión crea lugares y momentos, prácticas e instituciones, a través de las cuales podemos ejercer este corazón que escucha” (p. 25). Hay una “diferencia físicamente perceptible entre entrar en un supermercado o en vuestra oficina y entrar en una catedral o una mezquita. Normalmente ahí las personas encuentran un contexto espacial, una tranquilidad en la que la actitud agresiva desaparece por un momento” (p. 66).
Y concluye: “Quiero convenceros, no como persona religiosa, sino como sociólogo, de lo siguiente: la religión, y quizás incluso la Iglesia, pueden desempeñar hoy un papel muy importante” (p. 31).
Para saber más, os invito a leer, además del mencionado arriba, alguno de los libros traducidos al castellano de H. Rosa: Lo indisponible; Resonancia. Una sociología de la relación con el mundo; Aceleración y alienación y Remedio a la aceleración. Ensayos sobre la resonancia.




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