El pasado 25 de marzo Simón Zakerian, superior de la Inspectoría «Jesús Adolescente» de Oriente Medio (MOR) difundió un comunicado en el que informa sobre la situación en Líbano y la acción salesiana en la acogida de los desplazados.
La guerra que continúa
La guerra entre las fuerzas armadas israelíes y el grupo Hezbollah continúa marcando profundamente la vida del Líbano, agravando una situación ya frágil y golpeando duramente a la población civil. El país se enfrenta hoy a una crisis humanitaria de vastas proporciones, mientras el conflicto incide no solo en las infraestructuras, sino también en el tejido social y psicológico de la población.
Beirut y el sur bajo ataque
Las zonas más afectadas siguen siendo Beirut – en particular la periferia sur y la zona de Dahiyah – junto con numerosos pueblos del sur del país. Los bombardeos han dañado viviendas, escuelas y actividades comerciales, obligando a miles de familias a vivir en condiciones de constante miedo y precariedad.
Entre los episodios más dramáticos se recuerda la muerte del sacerdote maronita Pierre Al Rai, asesinado mientras intentaba socorrer a algunas personas alcanzadas por un bombardeo. El papa León XIV quiso recordarlo subrayando el significado de su apellido, «Rai», que en árabe significa «pastor»: una imagen que describe bien su elección de permanecer junto a los fieles hasta el final, «como un verdadero pastor con su rebaño».
La guerra psicológica
Junto a la destrucción material, el conflicto está generando una profunda crisis psicológica. Las escuelas funcionan de forma intermitente, muchas actividades económicas están paralizadas y el futuro se presenta cada vez más incierto. Los jóvenes, en particular, expresan cansancio y desilusión: cada intento de volver a una vida normal – reanudar los estudios, encontrar trabajo, formar una familia – es continuamente interrumpido por nuevas escaladas de violencia.
Una crisis que afecta a toda la región
La guerra no concierne únicamente al Líbano. En el país viven numerosos refugiados provenientes de Siria e Iraq, muchos de los cuales ya habían huido de conflictos anteriores. En los últimos diez días, según diversas estimaciones, más de ciento diez mil sirios han abandonado Líbano para regresar a Siria en el intento de escapar de los bombardeos. También la comunidad iraquí, concentrada principalmente en Beirut, vive de nuevo en un estado de fuerte inseguridad.
Niños y familias bajo presión
Las explosiones marcan la vida cotidiana, a menudo durante la noche pero a veces también en pleno día. Niños, maestros y familias se encuentran entre los más expuestos al peso de esta tensión continua. Aunque entre las personas involucradas en las actividades educativas y comunitarias no se registran heridos, crece la necesidad de apoyo humano, educativo y psicológico.
La casa salesiana de El-Houssoun: un refugio en la tormenta
En este contexto dramático, algunas realidades continúan ofreciendo una ayuda concreta. Entre ellas, la casa salesiana de El-Houssoun, situada en una zona apartada del Monte Líbano, representa un punto de referencia importante. Desde su apertura en 1957, la estructura ha acogido a personas que huían de la guerra.
Durante la guerra civil libanesa, el edificio fue ocupado por milicias y transformado en centro de adiestramiento, pero al mismo tiempo permaneció como refugio para numerosos desplazados, algunos de los cuales permanecieron allí incluso después del fin del conflicto. Devuelta a la gestión de los salesianos en 1986, la casa ha abierto sus puertas en diversas ocasiones: en 1989, 1990, 2006, 2024 y hoy, nuevamente, en 2026.
Acogida sin distinción
A lo largo de los años, la acogida se ha ido organizando cada vez más. Gracias a la colaboración con instituciones salesianas y organizaciones internacionales, el apoyo ofrecido comprende no solo alojamiento, sino también distribución de alimentos, ropa, medicamentos, asistencia sanitaria y apoyo psicológico.
Se presta una atención especial a los niños y jóvenes, a través de actividades educativas y recreativas pensadas para ayudarles a elaborar el trauma de la guerra. Desde principios de marzo, la casa acoge a ciento dieciséis personas provenientes del sur del Líbano, en su mayoría familias musulmanas chiítas. Muchas de ellas ya habían sido acogidas durante el conflicto del otoño de 2024 y han regresado recordando la experiencia positiva vivida.
Zeinab, de once años, cuenta con sencillez y esperanza:
«A pesar de que la guerra nos obligó a dejar nuestro pueblo, aquí, en la casa de Don Bosco, me siento segura y a gusto. Este lugar me hacía falta. Quién sabe, si fuera posible, sería maravilloso tener también cerca de nosotros una casa como esta, junto a nuestra tierra y a nuestra gente».
Sus palabras expresan con fuerza cuán valioso es ofrecer no solo un refugio, sino un lugar que sepa devolver el sentido de familia y dignidad.
Signos de esperanza
En medio de la violencia, la solidaridad continúa siendo un signo concreto de esperanza. Comunidades religiosas, educadores y trabajadores sociales están comprometidos con el acompañamiento a las personas más frágiles, ofreciendo ayuda material y cercanía humana.
Para los salesianos y los laicos corresponsables (CEP) del Líbano, en particular de la comunidad de El-Houssoun, recibir a las personas desplazadas es ante todo una elección de fe, inspirada en el Evangelio: «Era forastero y me acogisteis». En un contexto marcado por la guerra, el gesto sencillo de abrir una puerta se convierte así en una forma concreta de resistencia a la violencia y un acto de confianza en la posibilidad de un futuro de paz.
Apoyo a Oriente Medio
La ayuda se canaliza a través de Misiones Salesianas y ONGD Bosco Global que está en contacto directo con el Comité de Emergencia que la Congregación ha activado. Se puede ingresar el donativo en el siguiente QR o en las cuentas que se ofrecen a continuación.













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