Situación en Oriente Medio y acción salesiana en la acogida de los desplazados

27 marzo 2026

ANS-El-Houssoun

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La emergencia por la guerra continúa así como la acción salesiana de apoyo continua. Se puede colaborar a través de BoscoGlobal y Misiones Salesianas.

El pasado 25 de marzo Simón Zakerian, superior de la Inspectoría «Jesús Adolescente» de Oriente Medio (MOR) difundió un comunicado en el que informa sobre la situación en Líbano y la acción salesiana en la acogida de los desplazados.

La guerra que continúa

La guerra entre las fuerzas armadas israelíes y el grupo Hezbollah continúa marcando profundamente la vida del Líbano, agravando una situación ya frágil y golpeando duramente a la población civil. El país se enfrenta hoy a una crisis humanitaria de vastas proporciones, mientras el conflicto incide no solo en las infraestructuras, sino también en el tejido social y psicológico de la población.

Beirut y el sur bajo ataque

Las zonas más afectadas siguen siendo Beirut – en particular la periferia sur y la zona de Dahiyah – junto con numerosos pueblos del sur del país. Los bombardeos han dañado viviendas, escuelas y actividades comerciales, obligando a miles de familias a vivir en condiciones de constante miedo y precariedad.

Entre los episodios más dramáticos se recuerda la muerte del sacerdote maronita Pierre Al Rai, asesinado mientras intentaba socorrer a algunas personas alcanzadas por un bombardeo. El papa León XIV quiso recordarlo subrayando el significado de su apellido, «Rai», que en árabe significa «pastor»: una imagen que describe bien su elección de permanecer junto a los fieles hasta el final, «como un verdadero pastor con su rebaño».

La guerra psicológica

Junto a la destrucción material, el conflicto está generando una profunda crisis psicológica. Las escuelas funcionan de forma intermitente, muchas actividades económicas están paralizadas y el futuro se presenta cada vez más incierto. Los jóvenes, en particular, expresan cansancio y desilusión: cada intento de volver a una vida normal – reanudar los estudios, encontrar trabajo, formar una familia – es continuamente interrumpido por nuevas escaladas de violencia.

Una crisis que afecta a toda la región

La guerra no concierne únicamente al Líbano. En el país viven numerosos refugiados provenientes de Siria e Iraq, muchos de los cuales ya habían huido de conflictos anteriores. En los últimos diez días, según diversas estimaciones, más de ciento diez mil sirios han abandonado Líbano para regresar a Siria en el intento de escapar de los bombardeos. También la comunidad iraquí, concentrada principalmente en Beirut, vive de nuevo en un estado de fuerte inseguridad.

Según los datos sobre el terreno, el conflicto ha dejado ya más de 1.200 personas fallecidas y más de 17.000 heridas, en un país que ya partía de una situación extremadamente frágil, con cerca de 1,9 millones de refugiados y un 30% de la población bajo el umbral de la pobreza antes de esta nueva ofensiva por parte de Israel. A estas cifras se suma un dato especialmente alarmante: más de un millón de personas han sido desplazadas en pocas semanas, muchas de ellas obligadas a abandonar sus hogares por los bombardeos en el sur del país y en los suburbios de Beirut.

Detrás de las cifras hay historias concretas. Lucian, un joven refugiado iraquí de 15 años, acogido por los misioneros salesianos, describe así su día a día: “Las explosiones son muy intensas. Apenas puedo dormir por la noche, sobre todo cuando suenan las sirenas”. Y es que la cercanía de los ataques y la incertidumbre permanente han alterado completamente la vida de los menores. “Vivimos cada día con miedo, preguntándonos qué ocurrirá después”, explica Florina, también estudiante.

El impacto no es sólo emocional. La guerra ha interrumpido la educación, dificultando el acceso a internet, eliminando espacios seguros de estudio y generando una profunda desmotivación. “A veces pienso que todo mi esfuerzo puede perderse”, reconoce otra alumna salesiana. Muchos de estos jóvenes son, además, refugiados que ya habían huido de otros conflictos, por lo que la situación actual está reactivando traumas previos y agravando problemas de salud mental como ansiedad o estrés postraumático.

Niños y familias bajo presión

Las explosiones marcan la vida cotidiana, a menudo durante la noche pero a veces también en pleno día. Niños, maestros y familias se encuentran entre los más expuestos al peso de esta tensión continua. Aunque entre las personas involucradas en las actividades educativas y comunitarias no se registran heridos, crece la necesidad de apoyo humano, educativo y psicológico.

Ante la inseguridad generalizada, las obras salesianas han tenido que reinventarse. Centros como Ángeles de Paz, en Beirut, han suspendido las clases presenciales y han activado sistemas de educación online diarios, acompañados de apoyo psicosocial. Pero estas clases cumplen una función que va más allá del aprendizaje. “Esta aula digital ya no es sólo un lugar para estudiar; es el único refugio que les queda”, explica una profesora.

Mantener una rutina educativa se ha convertido en una herramienta esencial para proteger a los menores del impacto psicológico de la guerra. Las clases, que se desarrollan cada mañana, ofrecen estructura, estabilidad y un espacio seguro en medio del caos. Al mismo tiempo, los centros han reforzado sus medidas de emergencia: planes de evacuación, equipos de crisis, seguimiento diario de la seguridad y sistemas de comunicación con familias.

Sin embargo, no todos los centros pueden mantener la actividad educativa. En algunos casos, la acogida de personas desplazadas ha obligado a suspender completamente las clases, dejando a los menores sin escolarización durante semanas.

La casa salesiana de El-Houssoun: un refugio en la tormenta

En este contexto dramático, algunas realidades continúan ofreciendo una ayuda concreta. Entre ellas, la casa salesiana de El-Houssoun, situada en una zona apartada del Monte Líbano, representa un punto de referencia importante. Desde su apertura en 1957, la estructura ha acogido a personas que huían de la guerra.

Durante la guerra civil libanesa, el edificio fue ocupado por milicias y transformado en centro de adiestramiento, pero al mismo tiempo permaneció como refugio para numerosos desplazados, algunos de los cuales permanecieron allí incluso después del fin del conflicto. Devuelta a la gestión de los salesianos en 1986, la casa ha abierto sus puertas en diversas ocasiones: en 1989, 1990, 2006, 2024 y hoy, nuevamente, en 2026.

Acogida sin distinción

A lo largo de los años, la acogida se ha ido organizando cada vez más. Gracias a la colaboración con instituciones salesianas y organizaciones internacionales, el apoyo ofrecido comprende no solo alojamiento, sino también distribución de alimentos, ropa, medicamentos, asistencia sanitaria y apoyo psicológico.

Se presta una atención especial a los niños y jóvenes, a través de actividades educativas y recreativas pensadas para ayudarles a elaborar el trauma de la guerra. Desde principios de marzo, la casa acoge a ciento dieciséis personas provenientes del sur del Líbano, en su mayoría familias musulmanas chiítas. Muchas de ellas ya habían sido acogidas durante el conflicto del otoño de 2024 y han regresado recordando la experiencia positiva vivida.

Zeinab, de once años, cuenta con sencillez y esperanza:

«A pesar de que la guerra nos obligó a dejar nuestro pueblo, aquí, en la casa de Don Bosco, me siento segura y a gusto. Este lugar me hacía falta. Quién sabe, si fuera posible, sería maravilloso tener también cerca de nosotros una casa como esta, junto a nuestra tierra y a nuestra gente».

Sus palabras expresan con fuerza cuán valioso es ofrecer no solo un refugio, sino un lugar que sepa devolver el sentido de familia y dignidad.

Signos de esperanza

En medio de la violencia, la solidaridad continúa siendo un signo concreto de esperanza. Comunidades religiosas, educadores y trabajadores sociales están comprometidos con el acompañamiento a las personas más frágiles, ofreciendo ayuda material y cercanía humana.

Para los salesianos y los laicos corresponsables (CEP) del Líbano, en particular de la comunidad de El-Houssoun, recibir a las personas desplazadas es ante todo una elección de fe, inspirada en el Evangelio: «Era forastero y me acogisteis». En un contexto marcado por la guerra, el gesto sencillo de abrir una puerta se convierte así en una forma concreta de resistencia a la violencia y un acto de confianza en la posibilidad de un futuro de paz.

Apoyo a Oriente Medio

La ayuda se canaliza a través de Misiones Salesianas y ONGD Bosco Global que está en contacto directo con el Comité de Emergencia que la Congregación ha activado. Se puede ingresar el donativo en el siguiente QR o en las cuentas que se ofrecen a continuación.

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