Alguna cosa buena tenía que tener la inteligencia artificial; menos mal, que tampoco quiero estar siempre hablando de riesgos ni metiendo miedo. El otro día, hablando con un profesor de uno de nuestros colegios de Madrid, me contaba cómo, gracias a la IA, lograba diseñar ejercicios de matemáticas totalmente personalizados, adaptados al ritmo y a los errores de cada alumno. El método era sencillo: tras las explicaciones, escaneaba los ejercicios y pedía a la IA que identificase los fallos concretos de cada estudiante. Así, en la segunda tanda, cada chico recibía unos problemas a medida para mejorar en aquello que más le costaba. En una educación tan sobrecargada de burocracia, que un educador tenga una herramienta para aliviar el trabajo mecánico y poner en valor el esfuerzo de sus alumnos me parece un avance fundamental. No se trata de que la máquina haga su trabajo, sino de liberarle horas para que pueda centrarse verdaderamente en la persona.
Otro profesor me comentaba cómo lograba crear vídeos específicos sobre lo explicado en el aula, dejándolos en la plataforma del colegio para que sus alumnos pudiesen reforzar lo aprendido. Esta es otra inmensa ventaja: son recursos elaborados para una asignatura concreta y siguen el ritmo real de la clase, alejándonos de los vídeos genéricos de YouTube que, a veces, utilizan conceptos diferentes y terminan confundiendo. Como veis, esto que os cuento no es ciencia ficción; ya se está usando en nuestros colegios salesianos. Usada en su justa medida, la IA es un gran aliado.
El debate de lo positivo
Hoy en día, gracias a la IA existen herramientas que detectan lagunas de aprendizaje y nos abren la puerta a una educación realmente personalizada, ofreciendo una ayuda eficaz tanto a alumnos con dificultades como a aquellos con altas capacidades, alejándonos de los sistemas rígidos donde todo es igual para todos. Por ello, a ti que me lees como padre, educador o pastoralista, te animo a ver la tecnología como una aliada. Busquemos herramientas de calidad frente al entretenimiento vacío.
Soy consciente de que esto puede generar debate. Para ayudaros, os propongo una clave: no dejemos que la eficiencia de la máquina nos robe el papel de referentes. Un tutor de IA puede explicar historia maravillosamente a través de la pantalla, pero somos los padres y profesores quienes damos un sentido ético a ese aprendizaje. Por eso cuando uses la IA pregúntate para qué, qué te aporta, qué mejora, de qué tareas mecánicas te libra y cómo te ayuda a enfocarte en lo principal, estar al lado de los chicos y las chicas y ayudarles a mejorar según sus necesidades. Para esto la IA sí que es una gran aliada.




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