Son tiempos en los que conviene mantenerse firmes en los valores y no dejarse arrastrar por las prisas ni por las inercias de una vorágine en la que podemos caer si nos descuidamos, con agendas demasiado apretadas y un exceso constante de información, no siempre analizada con calma ni contrastada y verificada antes de su publicación, a veces incluso sin mala intención.
Os proponemos una reflexión sobre un aspecto que parece sencillo pero que se suele descuidar y que es de gran utilidad. Una reflexión fiada en nuestra propia experiencia con familias y personas individuales, que puede dar mucha calma y serenidad tan necesarias en estos días: “no mezclar”.
Hay una gran tendencia hoy en día en esta sociedad, una sociedad que parece haber olvidado los deberes esgrimiendo solamente los derechos y que parece que se ha quedado anclada en los peores aspectos de una adolescencia colectiva; la tendencia al “todo vale”, “todo es lo mismo”.
Hacer relato
Lejos de pretender ser pesimistas, os ofrecemos las pistas para que el sabio refranero nos guíe: “No son igual churras que merinas”. La clave está en no caer en uno de los errores que más acostumbra el ser humano actual llevado por las prisas y el vértigo de la autorreferencia constante, que es mezclar los diferentes aspectos de asuntos complejos y poner en la misma medida esos diferentes matices que la complejidad de “lo humano” contiene. Y se mezclan: Emociones con hechos objetivos. Opiniones propias con las de los demás. Valores “sociales” generalizados con nuestros valores particulares.
Lo importante es tener la capacidad de tener la visión de conjunto, pero sin mezclar los distintos aspectos implicados. Pongamos un ejemplo: “Hacer relato”.
La muy extendida costumbre de la “justificación”, de la búsqueda de razones que apoyen nuestra versión, siendo así que ello conlleva, irremisiblemente, la mezcla de demasiadas cosas. Mantengámonos alerta cuando nos asalte la tentación de intentar construir una explicación, una teoría del todo o de casi todo, en definitiva “hacer relato” y entrenemos la capacidad de poder entender la complejidad del ser humano en su conjunto, pero sin mezclar cada uno de los aspectos que enturbiarán el entendimiento, la compresión compleja y, especialmente, nos restarán serenidad.




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