Un día para afirmar el camino de Jesús: por la cruz a la resurrección. Jesús ha muerto por amor; solo su amor y su entrega nos salva.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
De Ramos a Pascuas
La Pascua Salesiana
Para los salesianos la Pascua es la gran respuesta de Dios a la búsqueda de esa esperanza que no defrauda. Estos días se celebra el misterio central de la fe católica: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. En la Resurrección de Cristo se encuentra la certeza de que el futuro no está marcado por el miedo, sino por la confianza en el amor que Dios nos tiene.
Bajo el lema: «Un amor que hace historia» el Movimiento Juvenil Salesiano, se propone celebrar la Pascua 2026 poniendo en el centro al Señor Jesús.
No es un lema bonito sin más. Es una certeza profunda de nuestra fe. En Jesús descubrimos un amor vivido “hasta el extremo” (Jn 13,1), un amor que no se guarda nada, que no huye del dolor ni del sufrimiento, que se entrega en la cruz y que, precisamente por eso, es capaz de destruir la muerte con la fuerza de la Vida. Ese Amor ha atravesado la historia de la humanidad y sigue hoy ofreciendo Esperanza a nuestro mundo.
“Que la celebración del Triduo Pascual, sea una oportunidad privilegiada para profundizar en el encuentro con el Dios de Jesús” y sea una llamada a la paz, tal y como recordaba el papa León XIV en su homilía del Domingo de Ramos: Y sobre todo escuchamos el gemido de dolor de todos los que están oprimidos por la violencia y de todas las víctimas de la guerra. Cristo, Rey de la paz, sigue gritando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tened piedad! ¡Dejad las armas, recordad que sois hermanos!











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