La vuelta de los misioneros al país supone un paso significativo en un momento crítico. Durante los momentos más intensos de la guerra, se vieron obligados a abandonar Sudán por motivos de seguridad. Ahora, su regreso marca el inicio de una nueva etapa centrada en la recuperación educativa y la protección de los menores en situación de mayor vulnerabilidad.
El proyecto, que se desarrolla en el barrio de Kalakala, permitirá que al menos 1.500 niños y niñas vuelvan a las aulas tras años sin acceso a la educación. La iniciativa incluye la rehabilitación de infraestructuras dañadas, la dotación de material escolar y la puesta en marcha de programas de alimentación que favorezcan la asistencia regular del alumnado.
En un país donde miles de escuelas han sido destruidas o permanecen cerradas, la reapertura de estos centros educativos no solo responde a una necesidad académica, sino también social y preventiva. La escuela se convierte en un espacio seguro que protege a los menores frente a riesgos como el trabajo infantil, el reclutamiento forzoso o la violencia.
“El regreso de la educación en contextos como Sudán es mucho más que volver a abrir una escuela. Es ofrecer protección, estabilidad y una oportunidad real de futuro a miles de niños y niñas que lo han perdido todo”, afirma Luis Manuel Moral, director de Misiones Salesianas. “Cada aula que se reabre es un espacio de paz en medio de la violencia y una esperanza concreta para la reconstrucción del país”.
La intervención salesiana se apoya en una sólida red comunitaria formada por educadores, personas voluntarias y actores locales, cuya implicación resulta clave para garantizar la continuidad del proyecto y su impacto a largo plazo. Este trabajo conjunto recupera la actividad educativa y contribuye a la reconstrucción del tejido social en una sociedad profundamente afectada por el conflicto.
Desde Misiones Salesianas se hace un llamamiento a visibilizar la crisis humanitaria de Sudán, una de las más graves y olvidadas del mundo, y a reforzar el compromiso con la infancia, garantizando su acceso a la educación y a espacios seguros. La organización advierte del riesgo de que esta emergencia siga quedando fuera del foco internacional y subraya la necesidad de una mayor implicación para proteger el futuro de millones de niños y niñas. Sudán afronta todavía un escenario incierto, pero iniciativas como esta demuestran que, incluso en los contextos más adversos, la educación sigue siendo una herramienta clave para devolver esperanza y construir futuro.











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