El pasado 30 de mayo se celebró el Homenaje a María Auxiliadora en Zamora. Hasta la parroquia se desplazaron las ADMAS de la provincia de Palencia (Herrera de Pisuerga, Astudillo, Palencia y Villamuriel) ADMA de Valladolid, ADMAS de León y Asturias, junto con la ADMA de Zamora, quienes acogieron con cariño y dedicación.
El encuentro consistió en Eucaristía, comida compartida y sobremesa.
Queridos hermanos y hermanas en el Señor, queridos Padres Salesianos, familia Salesiana, cooperadores y colaboradores de esta gran familia que tiene a María Auxiliadora como intercesora.
¡Qué alegría nos da encontrarnos hoy aquí, unidos por un mismo carisma que sigue tan vivo y palpitante como en el siglo XIX! Al miraros, no puedo dejar de dar gracias a Dios por vuestra vocación en el corazón del mundo.
La Iglesia se construye desde la cercanía, la ternura y la escucha del latido de nuestro pueblo, que sale a los caminos a buscar la oveja herida, a vendar los corazones rotos. Y eso, querida familia salesiana, es exactamente lo que San Juan Bosco os pidió desde el primer día: ser los brazos de la Iglesia en medio de la sociedad, allí donde la vida clama, donde los jóvenes sufren y esperan.
Don Bosco, con esa intuición genial del Espíritu Santo, comprendió que la santidad no es algo reservado para unos pocos que se apartan del mundo. Él decía una frase que hoy resuena con una fuerza tremenda para todos nosotros: «Propagad las buenas lecturas, haced el bien a la juventud, sed buenos cristianos y mejores ciudadanos».
Ser salesiano colaborador —en vuestros trabajos, en vuestras familias, en el tejido social— significa precisamente eso: hacer de la vida cotidiana un altar. Insisto mucho en que «la mística de los ojos abiertos» nos obliga a ver la realidad no como un problema, sino como un lugar teológico donde Dios nos sale al encuentro.
En un mundo herido por la crispación, por el ruido y, tantas veces, por la indiferencia, la propuesta de Don Bosco es de una actualidad revolucionaria. Él nos recordaba: «No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta de que son amados».
Pongamos la ternura en el centro de la evangelización. No se trata de convencer con discursos teóricos o con estructuras rígidas. Se trata de que el otro, especialmente el joven más vulnerable, el que está en las «periferias» de la exclusión o del vacío existencial, experimente el amor de Dios a través de vuestra mirada, de vuestra paciencia, de vuestra acogida incondicional. Sois una familia al estilo de Don Bosco, que sabe abrir los brazos y decir: «Aquí tienes tu casa».
No nos cansemos de hacer el bien. Don Bosco, que pasó por tantas crisis, persecuciones y faltas de recursos, os diría hoy al oído: «Camina con los pies en la tierra, pero teniendo el corazón en el cielo».
Esa es la verdadera esperanza cristiana que D. Bosco nos pide contagiar. Una esperanza con los pies en la tierra, que asume la realidad y trabaja por transformarla, pero con los ojos en el cielo, sabiendo que la última palabra la tiene el Amor de Dios.
Querida familia salesiana: seguid siendo ese puente necesario entre la Iglesia y el mundo. Seguid cuidando la fragilidad de nuestra juventud. No olvidéis nunca acudir a María Auxiliadora, la Madre que lo ha hecho todo, para que os enseñe el arte de la paciencia y del cuidado.
Que vuestro servicio sea siempre, un canto de acción de gracias y un faro de luz en medio de la noche. Que María Auxiliadora y San Juan Bosco os bendigan, os alienten y os mantengan siempre alegres en el camino del Evangelio.
Dios os bendiga.











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