La jornada del 5 de agsoto en el Campobosco 2026 invitaba a los jóvenes a poner rumbo a Mornese, la tierra que vio nacer y crecer a Madre Mazzarello. Sin embargo, un incendio declarado en las proximidades de la población obligó a modificar los planes previstos, impidiendo el acceso a los lugares más significativos de la santa mornesina. Lejos de apagar el espíritu del día, esta circunstancia se convirtió en una nueva oportunidad para descubrir que el carisma salesiano va mucho más allá de un lugar concreto.
Ante la imposibilidad de desplazarse a Mornese, los jóvenes recibieron la visita inesperada de Madre Chiara Cazzuola, Superiora General de las Hijas de María Auxiliadora, quien quiso hacerse presente en la oración de la mañana y compartir con ellos los tradicionales «Buenos Días». Su cercanía, sencillez y cariño hacia los participantes convirtieron este encuentro en uno de los momentos más entrañables de la jornada. Sus palabras ayudaron a los jóvenes a recordar que el espíritu de Madre Mazzarello sigue vivo allí donde hay corazones dispuestos a escuchar a Dios y a caminar al servicio de los demás.
A continuación, los participantes permanecieron en el Colle Don Bosco, donde pudieron profundizar en la vida de María Dominga Mazzarello a través de diversos talleres preparados para acercarles a su historia, su personalidad y su profunda experiencia de fe. A través de dinámicas, testimonios y momentos de reflexión, los jóvenes se adentraron en la vida sencilla de aquella joven campesina que, desde un pequeño pueblo del Piamonte, llegó a convertirse en madre y guía de miles de jóvenes en todo el mundo.
De la sencillez de Mornese a la grandeza de una vocación
La tarde estuvo marcada por uno de los momentos más significativos de la jornada: la celebración de la Eucaristía, presidida por Jordi Lleixà. Durante la homilía, invitó a los presentes a contemplar cómo Dios tiene la capacidad de sacar cosas grandes de aquello que parece pequeño e insignificante a los ojos del mundo. Así ocurrió con Mornese, una pequeña localidad desconocida para muchos, y así ocurrió también con Madre Mazzarello, una joven sencilla que supo dejar espacio a Dios para que hiciera maravillas a través de su vida.
La celebración adquirió un significado aún más especial cuando las Hijas de María Auxiliadora presentes en el Campobosco renovaron sus votos ante los jóvenes. Fue un gesto cargado de emoción que permitió contemplar cómo el sueño compartido por Don Bosco y Madre Mazzarello sigue vivo hoy.
Después de cenar, el día fue concluyendo de la manera más salesiana posible: transformando la explanada del Colle Don Bosco en un gran oratorio al estilo de Don Bosco. Entre juegos, música, dinámicas y momentos de convivencia, los jóvenes pudieron experimentar ese ambiente de alegría, encuentro y familia que caracteriza al carisma salesiano desde sus orígenes. Así, bajo la mirada de Don Bosco, el día terminó celebrando la vida compartida y la certeza de que la santidad también se construye en los patios, en la alegría y en los pequeños momentos vividos juntos.
El broche final de la jornada llegó con las tradicionales «Buenas Noches», esta vez de una forma muy especial. Las salesianas presentes en el Campobosco fueron compartiendo, una a una, una frase de Madre Mazzarello que ha iluminado su vocación y su camino de fe. Fue un momento de familia, cercanía y gratitud que ayudó a concluir el día mirando a Mornese con el corazón y descubriendo que el legado de Madre Mazzarello sigue vivo en quienes continúan haciendo de su vida un regalo para Dios y para los jóvenes.
Hoy, en el Colle Don Bosco, Mornese estuvo más cerca que nunca.
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