ACTUALIDAD SALESIANA
BUSCAR EN SALESIANOS.INFO

Encuentra noticias por palabra, categoría o fecha.

Escribe una palabra o usa los filtros para encontrar noticias.
«Me acosté ateo y me levanté creyente»

14 julio 2026

La fe después del derrumbe

Hay historias que no encajan en los esquemas cómodos con los que solemos explicar la vida. Nos gusta pensar que todo responde a una lógica clara: el esfuerzo trae recompensa, la estabilidad protege del caos, las convicciones se construyen con el tiempo. Sin embargo, de vez en cuando, aparece alguien que desmonta esa narrativa con una sola frase: “Me acosté ateo y me levanté creyente”. Más que una declaración teológica, tal vez sea el comunicado de una profunda grieta vital.

Vivía con las inquietudes, dudas y la irreverencia propia de quien cree que el mundo se puede entender y explicar desde la razón pura, hasta que llegó su punto de quiebra: la muerte de la dama de su vida… Su conversión no fue un proceso lento ni una búsqueda intelectual. Fue un despertar abrupto. Algo que, para muchos, resulta sospechoso ya que vivimos en una época que desconfía de las certezas súbitas, especialmente cuando tienen que ver con la fe. Preferimos las dudas elegantes a las convicciones incómodas. Y resulta que lo verdaderamente difícil no es creer o no creer. Lo difícil es vivir después de haber cambiado.

Porque esta historia no termina en ese “despertar”. De hecho, ahí empieza lo más áspero: la pérdida del trabajo, la precariedad, la necesidad de reconstruir una vida con herramientas nuevas y, en muchos casos, insuficientes. Hoy el protagonista se dedica a hacer rosarios y ofrecerlos a la gente. No como negocio consolidado ni como estrategia comercial brillante, sino como gesto sencillo, casi frágil, mientras espera una oportunidad laboral que haga su vida “más digna”.

Y aquí es donde la historia incomoda de verdad, porque obliga a hacerse preguntas que no tienen respuestas fáciles. ¿Qué significa dignidad en una sociedad que mide el valor de las personas en términos de productividad? ¿Qué lugar ocupa alguien que ha perdido su posición pero ha encontrado un sentido? ¿Es su fe una forma de resistencia o una forma de refugio?

No hay épica en hacer rosarios para sobrevivir, esperando un trabajo que no llega. Y, sin embargo, hay algo profundamente humano en ese gesto repetido, casi silencioso. Como si, en cada cuenta ensartada, intentara ordenar un mundo que se le rompió de golpe. La fe no aparece como una respuesta grandiosa, sino como una forma de sostenerse. No resuelve el desempleo, no garantiza estabilidad, no elimina el dolor. Pero introduce una narrativa distinta: la de que incluso en la pérdida puede haber sentido. Y eso, nos guste o no, tiene una fuerza real.

El protagonista no es un héroe ni un ejemplo universal. Es, simplemente, alguien que ha pasado por el derrumbe y ha salido de él. Su vida, ahora mismo, está lejos de ser resuelta o cómoda. Pero contiene una coherencia nueva, nacida del dolor. Y tal vez eso sea lo único que importa. La vida ha roto sus reglas y busca maneras de seguir adelante. Algunos se aferran a lo que siempre creyeron. Otros descubren que no sabían que podían creer.

“Hacer rosarios es lo único que puedo ofrecer a Dios. No tengo nada más. Sigo aprendiendo que este rezar me abrirá las puertas del trabajo. Lo hago y lo rezo”. Así piensa y cuenta este amigo.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

También te puede interesar…

«Alzad la mirada»

«Alzad la mirada»

Hay viajes que se recuerdan por las imágenes que dejan. Otros, por las palabras que pronuncian quienes los...

Sufro luego existo

Sufro luego existo

El filósofo francés Pascal Bruckner es un analista lúcido y agudo de los rasgos más llamativos de la sociedad actual....